sábado, 19 de enero de 2013

Si la vida te trae limones....pide tequila y sal o hazte una limonada

Los cuarenta. Ese número mágico del que se han escrito un montón de tópicos.
Tópico o no, a mí me da vértigo.
Parece que fue ayer cuando en el colegio, el año 2000 nos parecía tan lejano. Yo me imaginaba, ya que tendría 32 años, con al menos 5 hijos. Pero ahora no estamos hablando del efecto 2000 sino de los famosos cuarenta. La verdad es que es fácil entrar en crisis cuando te miras al espejo y no te pareces en nada a la que ves en las fotos de los años 80 máxime cuando ayer, en la consulta del dietista (al cual voy porque sola me veo incapaz de hacerlo) me llevé un broncazo monumental por haber tirado la toalla, como siempre, al bajar sólo un 5% de los kilos que me sobran. Y lo peor de todo es que tiene razón. En cuanto inicio una dieta y veo que mi cuerpo responde, me relajo y busco mil excusas para no hacerla a rajatabla con la esperanza de que los tropecientos mil kilos que me sobran desaparezcan por arte de magia. La charleta ha sido larga pero creo que ha comenzado a dar frutos. Me he sentido tan ridícula, me ha entrado tal desesperación que me hubiera ido de compras a buscar algo bonito para ponerme ya que he abierto el armario y no me gusta nada de lo que veo. Además me veo fatal. Esta noche tengo cena. Al final el primer impulso de compra compulsiva ha cedido a los sabios consejos de mi amiga Inés que siempre sabe cómo combinar la ropa para que parezca maravillosa. Tanto es así que de pronto el armario cobra vida y las faldas, los pantalones y las camisas salen y buscan pareja como si estuvieran en un baile. Los collares, pendientes, anillos, y demás abalorios también se desperezan para buscar con quien charlar un rato después de meses de encierro. Inés me ha hecho ver las cosas de forma más positiva:

- Mira chica, deja ya de lamentarte. Las cosas que tienen solución dejan de ser un problema así que ponte en marcha. Este vestido va perfectamente con estos pendientes, estos zapatos,estas medias, y esta chaqueda así que sólo falta que pidas hora en la peluquería y quitarte esos dos centímetros de raya y des un poco de gracia a ese corte que te hiciste, creo recordar en octubre.

De pronto recuerdo que fui a la peluquería en octubre y estamos en enero. En efecto, estas greñas ya no hay quién las peine y menos para una cena formal.

Tengo hora a las nueve en la peluquería. Me haré la manicura y me maquillarán además de cortarme el pelo y darme mechas. Me gastaré una pasta y eso me inquieta. No están los tiempos para despilfarrar. Pero bien pensado, qué son 80 euros cada 4 ó 5 meses?. Ya empiezo a comerme el coco.

Tengo que hacer algunos cambios en mi vida, eso está claro y creo que un gran comienzo sería dejar de pensar que todos los males del mundo son por mi culpa. Qué manía!!!! oye. A veces hasta me creo que el cambio climático o la crisis económica son por mi culpa, sólo por mi culpa.

Está claro que tendré que seguir los consejos de Inés y para ello tendré que hacer algunos cambios en mi vida. Si medito detenidamente, cosa que no suelo hacer muy a menudo porque nunca tengo tiempo, no dedico ni un sólo minuto del día a pensar en mí. Eso de tener mi tiempo debe ser un mito para las mujeres supermegaorganizadas que siempre están perfectas, llevan a los niños perfectos, cocinan de maravilla, están supermegadelgadas y atléticas, y siempre van con la sonrisa puesta. Yo a veces, si me miro al espejo después del día agotador veo dos niños pegándose por el maldito pokémon de turno, con los uniformes del cole pidiendo a gritos una lavadora, una mochila llena de deberes por hacer y una madre sin lustre, despeinada y ojerosa. Mejor no sigo por este camino que sólo me lleva a más desesperación.

Llego a la peluquería donde me aguarda la maquilladora, la peluquera y una ristra de revistas que nunca me han interesado para hacer más amenas las dos horas que me voy a pasar allí. Las revistas no me gustan nada pero es que las conversaciones de las peluquerías mucho menos, para qué nos vamos a engañar.

Como queda frío que yo me refugie en las revistas y no dirija la palabra a la peluquera de vez en cuando hago algún comentario banal sobre lo que estoy leyendo.

- Qué mona es josé Toledo. Tiene un pelo fantástico.

- Y qué medices del corte de pelo de Victoria Beckam.

- Qué mal se llevan los de Ubrique con la jesulina.

En fin...al menos he roto un poco el hielo aunque a decir verdad, la vida de los jesulines, el corte de pelo de Victoria Beckam me importan más bien poco. A qué idiota se la ocurre ir a visitar roma con sus hijos vestida con una falta entalladísima y subida a unos zancos de vértigo, en lugar de ponerse unos vaqueros y unas playeras. Está claro que se ha vestido para la foto y que turismo, lo que se dice turismo, ha hecho poco.

Cuando ya están terminando con mis mechas entra una abuela intentando acaparar la atención de las peluqueras, porque lleva prisa para ir  vetetúasaberdónde y aún no ha desayunado.  Tenía hora a las once pero ha decidido presentarse a las nueve y media. Y claro, me dejan empantanada con medio pelo lleno de papel albal y la otra mitad sin tintar. " Pero qué poco glamour!!!!!" Pienso mientras me miro al espejo. Cualquiera que me viera de esa guisa se asustaría seguro.

Pasada casi media hora retoman el trabajo en mi cabeza. En ese tiempo me ha dado tiempo a ver los mensajes que me han dejado del trabajo, a comprobar que mi marido, que está de viaje as usual no se ha acordado de llamarme ni mandarme un wassap desde ayer a medio día, de que como sigamos a este ritmo no llego al trabajo y a empezar a desperarme. Eso sí, mirando mi imagen tranquila en el espejo cualquiera diría lo que está pasando por mi cabeza.

Después de plagar mi pelo de tintes y papel albal, mientras esperan a que se seque, me hacen la manicura.

Ya son las 12.45 y pienso que voy a dejar el maquillaje para otro día. Entro a trabajar a las dos y todavía hay que lavar, cortar y peinar.

La abuela está con sus rulos en la silla que está justo detrás de mí. De pronto empieza a convertirse en la niña del exorcista, increpando a las chicas que si nadie la atiende.

- Será bruja...si llevan con ella casi una hora. Ya la han teñido, lavado y ahora solo queda que la peinen- pienso mientras me doy cuenta de que me ha tomado la delantera.

En condiciones normales, como todos los males del mundo son por mi culpa, hubiera cedido pero en esta ocasión, si cedo, no llego a trabajar así que no puedo más y me dirijo a ella:

- Buenos días señora. Porqué no tiene un poco más de paciencia y espera su turno.

- Es que tengo prisa.

- No lo dudo pero yo, a este paso me voy a tener que ir a trabajar sin peinar y sin comer. He venido a que me atiendan a la hora que he reservado por teléfono porque, en un principio como muy tarde a las doce habría terminado para poder hacer algunos recados, dejar medio preparada la cena e irme a trabajar. Porque trabajo de 2 a nueve y cuando llegue a casa mientras termino de hacer la cena, poner lavadoras y revisar mochilas tengo que ayudar a hacer algunos deberes que mis hijos se dejan siempre para que yo supervise. Y encima hoy tengo una cena de trabajo y quería ir un poco decente. Usted no ha tenido ningún reparo en tomarse mi tiempo para acaparar a todas las peluqueras amenazando con que usted misma se va a peinar. Hay que tener un poco más de respeto por los demás y no ir por la vida saltandose y pisoteando sus derechos.

Según termino de formular las últimas palabras veo a todas las peluqueras aprobando con alegría mi discurso mientras yo quisiera meterme en un agujero y no salir en siglos del apuro tan grande que me da haber hecho lo que he hecho. La señora decide quitárse ella misma los rulos, saca un peine de su bolso, se peina y se dirige rauda y veloz a la caja.

Sabeis qué... que en otra ocasión hubiera ido corriendo detrás de ella a pedirle disculpas por  provocar semejante escena pero hoy he decidido que los males del mundo no son todos por mi culpa, que merece la pena dedicarse unos minutos al día para cuidar mente y cuerpo y que hay que saber decir no cuando piensas no.

Esta noche voy a arrasar. Me piro que no llego al trabajo.
 
 

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