martes, 19 de febrero de 2013

Una familia en la consulta: la importancia de los abuelos

En mi consulta familiar tengo pacientes de todas las edades. Desde los 14 del más joven a los 97 de la más madura.

Y entre los 14 y los 97 tengo un amplio abanico de adolescentes, jóvenes, abuelos, padres, hijos, hermanos, tíos. Eso sin contarte a tí, la más pequeña, que sólo tienes diez días. Te cuento sólo a medias porque de tu salud cuida mi compañera la pediatra, pero yo he compartido tu camino hacia la vida casi desde el principio.
 

La consulta del médico de cabecera es como una gran familia.
 
Cada día pasan por ella tímidos y alocados adolescentes, embarazadas, veteranos de la vida...los más ocupados son los padres y los abuelos jóvenes.

Siempre intentando cuadrar sus horarios con las pruebas y las revisiones médicas que a veces les imponemos. Muchas veces los abuelos vienen corriendo con sus nietos a los que acaban de recoger del colegio.

Y puedo decir que SIEMPRE, les veo felices de estar con ellos.

- No puede pasar un día sin que vaya a verle, me proporciona las mayores alegrías cada día. Soy feliz de poder cuidarle- me dice una abuela orgullosa de su precioso nieto de dos años.

Siempre he oido que los nietos se disfrutan más que los hijos.

Añadiría además que los nietos disfrutan más de los abuelos que de los propios padres y, en mi caso, diría que disfruto incluso más de mi padres como abuelos.

Suena extraño, lo sé, pero es que lo que yo recuerdo es ver a mi padre trabajando, trabajando y trabajando. Como es muy "García" lo de llegar tarde no va con él y siempre se ha levantado a los amaneceres para ser puntual en el trabajo. Se iba de casa a las cinco y media de la mañana y recuerdo más de una vez y más de dos que llegase a casa, reventado, llegadas las once. No tenía tiempo de jugar con nosotros aunque si veía que flaqueabamos en nuestros deberes siempre nos recordaba que las cosas se consiguen con esfuerzo.

Ahora, a sus 79 años sigue con una envidiable energía a cuestas. Esa energía que permite que cada mañana acuda a mi casa para hacerse cargo de mis hijos y llevarlos al colegio puesto que ahora soy yo la que se levanta a los amaneceres para ir a trabajar y llega a las miles cansada de la jornada laboral. Y él  ha tenido siempre un momento para hacer que sus nietos disfruten en el parque, enseñarles a jugar al dominó, al parchis o al tute o para revisarles los deberes y supervisar que no queda nada por hacer. Controla las meriendas e intermedia en las pequeñas disputas del patio.

Mi padre, como abuelo, me encanta.

Pero qué decir de la figura de la madre /abuela. La madre tiene un vínculo especial, intangible y una conexión casi imperceptible pero eterna con sus hijos.
Cuando veo fotos antiguas me cuesta creer que ellos fueron a su vez niños, adolescentes, jóvenes.

Me cuesta imaginar que yo a su vez fui un bebé que dependía por completo de ellos.

A diferencia de mi padre, que trabajaba de sol a sol, mi madre estaba siempre cerca de nosotros. No pasa igual con muchas madres de hoy en día, con horarios imposibles. Mi madre nos llevaba al colegio, nos traía para comer, nos volvía a llevar y regresaba una cuarta vez a recogernos a la salida.

Nos ayudó en los primeros pasos, las primeras palabras. Compartió nuestras risas y nuestros llantos. Curaba nuestras heridas con un poco de agua oxigenada y millones de cosquillas, besos y abrazos, hasta que las risas mitigaban el dolor. Compartió nuestras inquietudes de adolescente, nuestros miedos, nuestras peleas con los amigos. Siempre nos enseñaba que todo se puede solucionar con buena intención y mucho diálogo y que, seas lo que seas, te dediques a lo que te dediques, estudies lo que estudies, no debes nunca olvidar que lo más importante es ser buena persona. Su sonrisa serena siempre era el refugio preferido para olvidar los temores cotidianos.

Gracias a mis hijos he descubierto su omnipresente figura en nuestras vidas.

Desde aquí, un pequeño homenaje a mis padres como abuelos pero también a todos los abuelos de mi consulta que con una sonrisa siguen ayudando a sus hijos y disfrutando de sus nietos.
 

 

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