jueves, 7 de febrero de 2013

La balesquida

Qué poco dura el fin de semana. Es evidente que se debe a que lo vivimos con gran intensidad, para deshacernos de nuestros fantasmas cotidianos que nos persiguen cada día de lunes a viernes. El viernes por la tarde es como si entraras en otra dimensión. Al salir del trabajo nos quitamos el disfraz de trabajadores incansables para ponernos nuestro traje de niños aventureros, coger la maleta y bebernos la carretera con avidez para alcanzar nuestro destino. Cámara y guía de viaje en mano, descubres que tienes una doble vida. Una, entre semana, en la que las obligaciones te ahogan y las preocupaciones te encogen el alma. Otra en la que la única obligación es disfrutar, ver, conocer. En la que la única obligación que te permites tener, por salud mental, es la de disfrutar, conocer, ver y compartir con tu familia momentos inolvidables.
Esta vez nuestro destino ha sido Asturias. El sábado  a primera hora partimos hacia Oviedo. Mis hijos, con su blog de notas y su cámara de fotos en la mano, recibieron varias lecciones este fin de semana.
 
Teníamos tiempo de sobra para llegar a Oviedo, por lo que pudimos parar todas las veces que nos apetecía inmortalizar el momento con nuestras cámaras. Los niños aprendieron también cómo cambia el paisaje en función del clima y cómo cambia la arquitectura en función de la cultura. Aprendieron también a captar con la cámara esas imágenes que no querríamos borrar nunca de nuestra memoria.
A nuestra llegada a Oviedo comprobamos con mucho gusto dos cosas. La primera que el tiempo que nos esperaba era realmente primaveral, con un cielo azul completamente despejado. La segunda que nuestro hotel estaba más céntrico de lo que hubiesemos imaginado. Tan céntrico como que estaba a 10 metros de la plaza de la catedral tomada durante el fin de semana, con motivo de la feria de la Balesquida, por un mercado medieval.
Esta fiesta data del siglo XIII y es cada martes siguiente al domingo de Pentecostés. Este día se celebra el Martes de Campo o Martes del bollu en el Campo de San Francisco. El término Balesquida procede del nombre de doña Velasquita Giráldez, que hizo una donación a la Cofradía de los Sastres para ayudar a los pobres en el año 1232. La Cofradía de los Sastres pasó a denominarse Cofradía de la Balesquida. La capilla de la Balesquida, donde se enterró a doña Velasquita Giráldez en la Iglesia de San Tirso de Oviedo, es el comienzo de la procesión el domingo de Pentecostés, que finaliza en la ermita de Santa Ana de Mexide. Allí se escuchaba misa y posteriormente se repartía entre los cofrades un almuerzo consistente en torreznos, bollo y vino. Posteriormente, el martes siguiente a este domingo se celebraba una nueva comida dando origen al Martes de Campo.
En el siglo XVIII la procesión sólo llegaba hasta la capilla de Santa Susana y el almuerzo se tomaba en el Campo de San Francisco, regresando en procesion a la iglesia de San Tirso donde se rezaba un responso por doña Velasquita.
Estos festejos fueron decayendo con el tiempo así que en el año 1930 se constituyó en Oviedo la Sociedad Protectora de la Balesquida, encargada de recaudar y celebrar el festejo todos los años. La figura del Heraldo, que, recorriendo el centro histórico de Oviedo, se encarga de anunciar el reparto de "un bollu de pan y medio cuartillo de vino", se recuperó en el año 2002.
El Heraldo de la Balesquida, acompañado de una banda de gaitas y de miembros de la Asociación cultural "La Madreña" ataviados de trajes típicos, pide permiso para el reparto del bollo y del vino al Concejal de Cultura del Ayuntamiento de Ovido, transformado durante unos minutos en el corregidor de un Oviedo Medieval. El corregidor, desde uno de los balcones del Consistorio da permiso con la sentencia: "que haga buen tiempo y que vos preste".
La plaza de la Catedral, durante el fin de semana se convirtió en un mercado medieval astur donde ovetenses ataviados con trajes típicos de la época dispone puestos donde puedes comprar miel después de ver un panal de abejas y atender a las explicaciones del tendero. En la plaza puedes pasear en caballo, jugar a la gallinita ciega o a la comba, fotografiarte con los bueyes, tomarte una sidra sentado en una alpaca, comprarte almadreñas (zuecos) después de ver cómo se realiza el tallado de forma artesanal, aprender a hacer ovillos de lana con la lana resultante de esquilar a las ovejas...
También visitamos en el Monte Naranco dos patrimonios de la Humanidad San Miguel de Lillo, construido en época de Ramiro I, y Santa María del Naranco.
Este fin de semana, mis hijos además de aprender las características del gótico y del románico también han aprendido a llevar un cuaderno de campo, a hacer fotografías y la importancia de mantener las tradiciones. Que es fundamental saber de dónde venimos.


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