lunes, 1 de abril de 2013

La sobrecarga del cuidador

Llevo un montón de días sin colgar ningún post.
Un buen día decidí hacer un blog y de pronto me di cuenta que no había puesto en la columna de contras que hay que ser serio y mantener cierta actividad periódica.
Y no ha sido por falta de interés, en este caso, sino más bien por falta de ideas concretas o de tiempo.
Una vez retomada la actividad normal resurgen las ideas cual avefénix.
La consulta de un médico de familia, llena de situaciones cotidianas desde a adolescencia hasta la muerte son una fuente inagotable de inspiración para seguir estudiando, aprendiendo y para meditar.
 
En medicina hay montones de escalas para objetivar y medir el deterioro cognitivo, la ansiedad, la depresión, el grado de dependencia de nuestros mayores...con el objetivo de que todos podamos saber de qué estamos hablando en un momento dado.
Yo siempre he sido un poco rebelde en esto de pasar escalas aunque reconozco que son una herramienta útil para que los médicos podamos hacernos una idea objetiva y clara de cómo es la situación basal de un paciente, aquí o en Lima.
Pero una de las escalas que más me cuesta pasar, no por pereza ni tampoco por rebeldía es la escala de Zarit, o sobrecarga del cuidador. La escala de Zarit consta de 22 preguntas que se puntuarán de 1 a 5 (de nunca a casi siempre).
Los profesionales de la salud consideramos que un cuidador no tiene sobrecarga si el resultado es una puntuación inferior a 46 y que tiene una sobrecarga intensa si el resultado es superior a 56.
Las preguntas a realizar se pueden consultar en este enlace Escala de Zarit
Y me cuesta pasar el cuestionario de 22 preguntas (aunque hay una versión reducida) porque me parece una manera muy fría de determinar lo obvio. Creo sinceramente que para saber que un cuidador está sobrepasado es más que suficiente con escucharle y mirarle a los ojos.
Muchas veces nos centramos en el paciente pero no miramos las reacciones ni los gestos de los que les acompañan.
En estos casos en especial, el tiempo que podamos dedicar a escuchar y a observar el lenguaje no verbal no tiene precio. Yo tengo como lema: Menos escalas  y más escuchar.
Estas son fotos del parque Vigeland de Oslo. En él se puede disfrutar de un excelente conjunto de esculturas de bronce inspiradas en momentos de la vida cotidiana del hombre, desde el nacimiento hasta la muerte, recreando situaciones habituales de la infancia, la adolescencia, la llegada del primer amor y de los hijos, la madurez y la vejez.

 
 
 
 
The power of love. Frankie goes to Hollywood

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