martes, 14 de mayo de 2013

La amistad

Uno de los momentos más importantes del día es el reencuentro con la familia. En este reencuentro procuramos hablar sobre cómo hemos pasado el día y me gusta que sirva como reflexión sobre lo que hemos podido aprender sobre nuestras experiencias cotidianas.
 
La vida es un continuo devenir de emociones que van desde la más absoluta felicidad a la más terrible de las tristezas pasando por la incertidumbre, el miedo, la satisfacción, el cansancio, la ilusión, el desencuentro, la frustración, el empeño, la relajación o la tensión, por nombrar algunas.
 
En los últimos días hemos recapacitado sobre la amistad, sobre todo por el gran protagonismo que tiene durante la infancia o la adolescencia aunque, por supuesto, no es exclusiva de estas etapas ya que, como decía Aristóteles,  "sin amistad nadie querría vivir, aun cuando poseyera todos los demás bienes; porque ¿de qué sirve esta clase de prosperidad si se la priva de la facultad de hacer el bien, que se ejerce preferentemente y de modo más laudable respecto a los amigos?"
 
Pero creo que no descubro nada nuevo si digo que es difícil encontrar verdaderos amigos, de aquellos que aunque pasen siglos, cuando te vuelves a ver es cómo si hubieran pasado sólo unos días. Con los que te sientes tan a gusto que sobran los disfraces y te puedes mostrar tal cual eres. Con los que compartes tus miedos, tus éxitos, tus alegrías, tus penas. De aquellos que se manifiestan contigo tal y como son, sin disfraces, sin hipocresía, y te hacen partícipe  de sus alegrías, sus miedos, sus logros, sus tristezas. Porque la amistad verdadera no se ve menoscabada por el tiempo sino que crece y se nutre por la autenticidad de nuestro intercambio mutuo.
 
Posiblemente el primero que lo puso de manifiesto fue Aristóteles, en Ética a Nicómaco ya que para él, la naturaleza humana es esencialmente social y el hombre tiende por naturaleza a la vida en comunidad.
 
A lo largo de nuestra vida nos cruzamos con muchos saludadores, algunos conocedores y unos poquitos amigos (tal y como decía Josep Pla) siendo todo un logro distinguir entre unos y otros, identificar realmente a los últimos y cuidarlos como si de un tesoro se tratase. Para Aristóteles hay tres tipos de amistad.
 
La primera es la perfecta. Es la que según él, se da entre los hombres buenos e iguales en virtud ya que ambos desean el bien de los demás. Esta amistad es la duradera y está basada en la confianza mutua y en la imposibilidad de agraviarse.  No obstante es la menos frecuente. El deseo de amistad cuando conocemos a alguien nuevo puede surgir de forma rápida, pero la amistad duradera surge sólo en algunas ocasiones. Y es rara porque es difícil conjugar la existencia de dos personas iguales en virtud que sólo desean el bien de los demás.
 
La segunda, es la que surge entre aquellos que se quieren por interés, en la medida que se benefician en algo los unos de los otros.
 
La tercera, es la de los que sólo buscan el placer o su propia complacencia.
 
Estos dos tipos de amistad son imperfectos y poco duraderos y las personas que sólo buscan el propio provecho no son buenos amigos.
 
La amistad se basa en el amor, el respeto hacia el otro,  la verdad, la confianza, en disentir sin hipocresía y en abrir libremente el propio interior. Se basa en compartir, en conversar, en conocerse y en ser capaces de compenetrarse. En la sinceridad, en hablar sin rodeos. Y se basa en la generosidad de no reparar en los defectos que todos tenemos y en conceder un amplio crédito al amigo. En la amistad se establece una relación de igualdad con el otro, de manera que tanto Aristóteles como Cicerón consideraban que el amigo es otro yo.
 
Aristóteles también considera que la amistad reside en el querer de forma activa ya que si el amigo se limita sólo a esperar beneficios, la amistad desaparece.
 
Con tantos requisitos para considerar la amistad perfecta es evidente que los amigos verdaderos suelen ser pocos. No obstante, según algunos estudios, las personas que son capaces de mantener mejores relaciones con sus amigos disfruta de una mayor longevidad.
 
Así que como tarea para hoy, descubrir cómo somos nosotros como amigos, cuántos amigos verdaderos tenemos  y cuánto tiempo les dedicamos.
 
Posiblemente si intentamos durante más tiempo pasar buenos ratos con los amigos podamos, no sé si vivir más tiempo, pero al menos sí ser más felices.



 

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