martes, 17 de febrero de 2015

A vueltas con la maternidad a propósito de un cumple

Tú ya duermes, después de un día agotador. Mientras, yo preparo su bizcocho favorito.
Es muy tarde, pero la ocasión bien merece el esfuerzo. Doce años no se cumplen todos los días.
El olor a vainilla me permite evocar viejos recuerdos de mi infancia en la cocina de mi madre, de tu abuela, aprendiendo recetas que luego he intentado reproducir con mayor o menor éxito a lo largo de mi vida.
La maternidad del siglo XXI no es tarea sencilla.
Sé que la maternidad en muchos puntos del planeta es mucho más complicada que la mía, que la nuestra, pero yo, en estos momentos, hablo de lo que me toca.
Parece que fue ayer cuando vi tu cara por primera vez. Un mundo nuevo lleno de ilusión y proyectos comenzaba con aquel llanto tan especial que a mí me sonó a gloria. Y es que sólo una madre puede comprender ese vínculo tan especial que nace nada más tener a tu hijo en brazos y que no desaparece nunca.
La difícil conciliación entre la vida familiar y la laboral pronto me devolvió a la realidad. Para ser exactos, a los cuatro meses y medio. Y es que, llegar a casa entre las nueve y las diez de la noche y trabajar los fines de semana, no facilita mucho las cosas.
Y siento, y sentiré siempre, cada momento que me he perdido a tu lado. Tus primeros pasos, alguna de tus primeras palabras, los juegos en el parque, preparar deberes cada tarde, muchos de tus partidos de baloncesto, las salidas del colegio...
Porque, en la era de las nuevas tecnologías, en la que parece que estamos más interconectados y comunicados que nunca, no hay whatsapp ni Facebook ni twitter, ni sms o mms que supla el calor de una madre cuando vuelves del colegio. Esas madres omnipresentes del siglo XX, como la mía, que siempre estaban cerca si las necesitabas.
Por eso, aunque sólo sea un instante efímero, mañana por la mañana, quiero desearte un feliz día de cumpleaños con tu tarta favorita.


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