Primer día: llegada a Ribadeo y primer contacto con la obra de Dios: La playa de las Catedrales.
Día lleno de emociones y expectación.
Del peregrino y de los que se quedan en Madrid esperando su regreso.
El peregrino se despoja de sus comodidades para iniciar el viaje hacia su interior, en contacto con la naturaleza, esa gran obra de Dios. Es el primer paso para tomar conciencia de nuestra verdadera esencia.
No hay camino más duro que el que se emprende hacia el interior de uno mismo.
Reencontrarse con tu yo, desnudo, desprovisto de comodidades, de disfraces, maquillaje, del ruido mundano es toda una aventura.
Igual que la que iniciaron ayer mi peregrina y sus compañeros de viaje.
El primer paso del viaje no comienza en el Camino propiamente dicho. El primer paso del viaje comienza muchos días antes, durante la preparación del mismo.
Hacer la mochila del peregrino requiere mucho arte.
No debes llevar demasiado peso para evitar que el camino se haga muy pesado.
Caminar durante días con mucho peso al hombro no es fácil.
Hay que elegir bien lo que llevas.
En un mundo de confort todo te parece poco.
Pero el espacio de tu mochila y el peso que pueden cargar tus hombros es limitado.
Poco a poco eres capaz de reconocer que mucho de lo que llevas es totalmente prescindible.
Es el primer paso del camino de Santiago. Reconocer qué llevas siempre cargado de tu mochila y qué es prescindible. Qué es lo que quieres empezar a cargar en tu mochila vacía y qué es lo que no es necesario. Es preguntarse, francamente, sin tapujos, hacia dónde va nuestra vida y dónde quiero que vaya. Cuáles son las piedras que me he ido encontrando por el camino y que, en lugar de desecharlas, he ido cargando en mi mochila.
Cuáles son mis zonas oscuras. En las que me da miedo entrar y poner luz.
Quiénes han sido mis compañeros de viaje hasta ahora. Quiénes me han guiado con sus pasos y a quiénes estoy yo sirviendo de guía.
Es un viaje que todos deberíamos hacer. Porque todos somos caminantes y todos guiamos con nuestros pasos a otros peregrinos. Entre ellos, nuestros hijos.
A ti, Señor, presento mi ilusión y mi esfuerzo;
en ti, mi Dios, confío, confío porque sé que me amas.
Circunstancias recientes me han hecho tomar conciencia de la importancia que tiene estar siempre con los ojos bien abiertos para no perder ningún detalle de la vida de nuestros hijos.
Ser madre nunca ha sido fácil. Tampoco quiero caer en el tópico de que ser madre en el siglo XXI es más difícil por que la mujer trabaja y tiene horarios imposibles.
Creo que no es cuestión de estar las 24 horas con tu hijo sino de estar pendiente de sus necesidades no sólo materiales sino, fundamentalmente, espirituales.
Y eso sólo se consigue manteniendo los ojos y las orejas bien abiertos.
La maternidad no es únicamente saltar de alegría el día que el test sale positivo, o el día que le haces la eco 3D o 4D a tu hijo. Ni siquiera es sólo el momento del parto.
Desde el mismo instante que sabes que estás embarazada debes ser consciente de que ser madre implica que ya no dejarás de estar pendiente ni de preocuparte por tu hijo el resto de tus días.
Ser madre es una labor dura, diaria, eterna....pero profundamente gratificante cuando vas recogiendo la cosecha.
Somos conscientes de ello?
Somos conscientes de que un adolescente no requiere ni un instante menos de atención que un lactante que empieza a dar sus primeros pasos?
Somos conscientes de que debemos aprender a reconocer las señales de alarma de nuestros hijos mayores igual que somos capaces de reconocer las necesidades de un bebé con sólo escuchar su llanto?
Somos conscientes de que somos constantemente el ejemplo a seguir y el modelo a copiar de nuestros hijos?
Si somos conscientes de todo esto y de muchas más cosas que podría seguir enumerando y si realmente queremos que el mundo sea mejor para nuestros hijos, pongámonos manos a la obra.
Me gusta la gente que vibra, que no hay que empujarla, que no hay que decirle que haga las cosas, sino que sabe lo que hay que hacer y que lo hace.
La gente que cultiva sus sueños hasta que esos sueños se apoderan de su propia realidad.
Me gusta la gente con capacidad para asumir las consecuencias de sus acciones, la gente que arriesga lo cierto por lo incierto para ir detrás de un sueño, quien se permite huir de los consejos sensatos dejando las soluciones en manos de nuestro padre Dios.
Me gusta la gente que es justa con su gente y consigo misma, la gente que agradece el nuevo día, las cosas buenas que existen en su vida, que vive cada hora con buen ánimo dando lo mejor de sí, agradecido de estar vivo, de poder regalar sonrisas, de ofrecer sus manos y ayudar generosamente sin esperar nada a cambio.
Me gusta la gente capaz de criticarme constructivamente y de frente, pero sin lastimarme ni herirme. La gente que tiene tacto.
Me gusta la gente que posee sentido de la justicia. A estos los llamo mis amigos.
Me gusta la gente que sabe la importancia de la alegría y la predica. La gente que mediante bromas nos enseña a concebir la vida con humor. La gente que nunca deja de ser aniñada.
Me gusta la gente que con su energía, contagia.
Me gusta la gente sincera y franca, capaz de oponerse con argumentos razonables a las decisiones de cualquiera.
Me gusta la gente fiel y persistente, que no desfallece cuando de alcanzar objetivos e ideas se trata.
Me gusta la gente de criterio, la que no se avergüenza en reconocer que se equivocó o que no sabe algo. La gente que, al aceptar sus errores, se esfuerza genuinamente por no volver a cometerlos.
La gente que lucha contra adversidades.
Me gusta la gente que busca soluciones.
Me gusta la gente que piensa y medita internamente. La gente que valora a sus semejantes no por un estereotipo social ni cómo lucen. La gente que no juzga ni deja que otros juzguen.
Me gusta la gente que tiene personalidad.
Me gusta la gente capaz de entender que el mayor error del ser humano, es intentar sacarse de la cabeza aquello que no sale del corazón.
La sensibilidad, el coraje, la solidaridad, la bondad, el respeto, la tranquilidad, los valores, la alegría, la humildad, la fe, la felicidad, el tacto, la confianza, la esperanza, el agradecimiento, la sabiduría, los sueños, el arrepentimiento y el amor para los demás y propio son cosas fundamentales para llamarse GENTE.
Con gente como ésa, me comprometo para lo que sea por el resto de mi vida, ya que por tenerlos junto a mí, me doy por bien retribuido.
Todos tenemos una lista de cosas que detestamos. Pero es mucho más gratificante hacer una lista de momentos o situaciones que te gustan, te motivan y te hacen feliz.
Doy click a me gusta en:
1. Compartir buen rato de risas
con mi marido y mis hijos.
2. Reecontrarme con familiares y amigos y preguntarles, sinceramente,qué tal les va
3. Perderme entre las páginas de un buen libro
4. Encerrarme entre cacerolas y libros de cocina cocinando para la familia y los amigos.
5. Pasear por la orilla del mar cuando ya casi no queda nadie por la playa y lo único que se escucha es el sonido de las olas.
El desánimo cada día tiene más protagonismo en nuestras vidas.
Sólo algunos pocos se libran de tener a alguien cercano azotado por la crisis y el paro.
Y los pocos que tienen trabajo viven en un sinvivir con el miedo de perderlo, con la presión de hacer más por menos, con el agobio de no llegar a fin de mes.
Los síntomas emocionales y psicosomáticos siempre han tenido un importante protagonismo en la consulta del médico de familia pero cada vez más y más pacientes manifiestan síntomas que, a veces, no saben definir muy bien. No pueden dormir, les falta energía, no sienten ilusión por nada, ven el futuro con desesperanza.
Es difícil, cuando llevas varios casos similares y teniendo como tiene una sus propios sentimientos y preocupaciones, mantener la compostura y poner al mal tiempo buena cara.
Y no me queda más remedio que intentar arañar unos minutos para cada uno de ellos y recomendarles un cóctel que me parece infalible para volver a encontrar el centro de gravedad y recomponerse: Dedicar un poco de tiempo para la espiritualidad (si es posible con buena música, relajante)
Volver a reencontarse con uno mismo: en la era del whatsapp, el Facebook, el twitter, instagram y no sé cuántas historias más, uno habla mucho con los demás, comparte mucha información, pero se comunica poco. Con los demás y con uno mismo. , con los demás y con uno mismo.
Viktor Frankl, padre de la logoterapia, les preguntaba a sus pacientes: ¿Porqué no te suicidas?
El objetivo no era dar ideas ni mucho menos, sino descubrir de un plumazo el sentido último de cada uno para enseñarle el camino de la esperanza.
Cada uno debe reencontrarse con aquello que le motiva, que le mantiene en movimiento, que le permite seguir adelante.
A veces las personas nos aferramos a fantasmas del pasado y nos negamos a ver que ahora vivimos otra realidad. Son cadenas que nos bloquean. Que nos inmovilizan. Que hacen que no seamos capaces de seguir adelante.
Muchas veces nos regocijamos chapoteando en nuestras miserias y en nuestros fracasos, en lugar de levantarnos, sacudirnos el polvo de la ropa y seguir caminando.
Nos empeñamos en llevar una mochila en la espalda llena de cosas inútiles y prescindibles olvidando que siempre tenemos motivos para ilusionarnos, ser felices, tener proyectos y, lo que es mejor, ponerlos en práctica.
Es fundamental admitir nuestro presente y nuestra realidad para adaptarnos a ella.
Lo acaba de estudiar mi hijo en cono: fundamental para sobrevivir....adaptarse al medio.
Si esta lección la aprenden los niños de 4º de primaria, ¿ Porqué se nos olvida tan fácilmente?