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martes, 18 de octubre de 2016

Mírame



"Me preguntas cómo estoy mientras intentas esconder las ventanas de tu corazón inundado de lágrimas.

Sabes que no puedes engañarme cuando me miras de frente.
Tus ojos son incapaces de esconder lo que el corazón siente. 
¡Qué más quisiera yo que poder expresar con palabras lo que siento!
Querría contarte mis miedos e inquietudes. 
Querría comunicarme como lo hacía antes. 
Pero esta cárcel en la que se ha convertido mi cuerpo no me deja emitir nada más que sonidos que tú ya has aprendido a interpretar igual que sabes entenderme sólo con mi mirada. 
Mírame. 
No dejes de mirarme aunque tus balcones sean incapaces de retener las lágrimas.
Mírame y lloremos juntos hasta terminar riendo en un diluvio de besos y abrazos."






Seal. Kiss from a rose.

sábado, 20 de febrero de 2016

La mirada


Hablaba yo con mi profesor de historia, al que he reencontrado hace poco gracias a su hija,  sobre la palabra y meditaba sobre sus reflexiones  cuando me di cuenta de que igualmente importante es la mirada.
Escuchar y conversar es difícil pero mirar a los ojos de otro ni te cuento.
Qué pocas veces miramos en los ojos de los demás.
Los ojos son el espejo del alma.
Nos muestran cómo son los demás pero también muestran sin maquillajes ni máscaras cómo somos nosotros .

Es muy difícil, por no decir imposible, esconder a los ojos de los demás nuestras fortalezas, debilidades, miedos o alegrías.

Es difícil mantener la mirada de alguien que sufre y te mira de frente buscando consuelo. Cuando eres capaz de hacerlo tu escudo protector de cae de golpe, y te quedas desnudo.
Pero aquí estoy yo cogiendo tu rostro para mirarme en tus ojos. Llenos de ternura,  miedo, lágrimas, amor, incertidumbre, rabia, agradecimiento....
Aquí estoy para aguantarte la mirada, quererte, acompañarte en tus temores,  ilusiones,  alegrías o desvelos.
A ver quien es el guapo que lo iguala.
Hay que ser muy valiente. Y fuerte de espíritu.


Better man. Robbie Williams






martes, 8 de diciembre de 2015

La importancia de lo cotidiano

Sin darnos cuenta, se acerca la Navidad y se acaba el 2015.
En estos días previos, la mayoría se concentra en comprar regalos y preparar comilonas centrándose sólo en el consumismo. Sin embargo muchos vivimos realmente su esencia y aprovechamos para hacer recuento del año que termina.
El 2015 no ha sido un buen año para nuestra familia.

Aunque acabamos el 2014 con una gran ilusión y muchos motivos para dar gracias, el 2015 escondía muchas pruebas de fuego para nosotros.
La ELA estaba esperando agazapada, para sorprendernos en una esquina del camino en el mes de mayo. Y de golpe, todos esos momentos cotidianos cobran protagonismo en nuestro día. Bien para valorarlos, bien para darnos cuenta de tantos detalles que  nos hacen autónomos o nos convierten en dependientes.
Y es entonces cuando descubres que la vida no sólo se compone de momentos para la risa ni de felicidad. También hay que saber convivir con la pena y la tristeza.
Las dificultades a las que nos enfrentamos y los pacientes en su vivencia de la enfermedad son los que más nos enseñan, precisamente, cómo es la vida y cómo hay que vivirla. Mi padre como paciente y mi madre como cuidadora, me están enseñando mucho a lo largo de estos meses en los que voy paseando, sin parar, de una a otra fase del duelo de Kübbler-Ross (negociación, ira, negación, aceptación, tristeza).
Me han enseñado que, a pesar de las dificultades se puede ser feliz, disfrutando de los pequeños detalles cotidianos, compartiendo lágrimas, miedos y rebeldías. Un abrazo, llorar o reír juntos, un beso con el corazón, una partida de cartas, restaurar un mueble viejo, montar una estantería, cortar arizónicas, aprender un plato nuevo, tomar un refresco disfrutando de la impresionante vista desde el Parador de Toledo, el chocolate con churros de los jueves en los que compartimos risas con quien no nos deja caer, recordar buenos momentos en familia, echarse unas risas con los amigos, sintiendo el cariño de lo que nos dan la mano cuando sentimos que nos caemos, una mirada que encierra todo sin necesidad de articular palabras, contemplar una puesta de sol, contar estrellas fugaces, sentir la lluvia en el rostro, escuchar el mar, entregar nuestro esfuerzo para cuidar al que lo necesita, estar atento a la lágrima silenciosa del que sufre, …..tantos y tantos momentos únicos y especiales que perdemos en la vorágine del día a día, en lo cotidiano y en lo que no tiene realmente tanto valor aunque se compre con la tarjeta visa.
Cualquier momento es bueno para ser feliz y disfrutar de la vida que nos queda por vivir. 

Sólo hay que abrir los ojos y saber contemplarlo.
Gracias a todos los que formáis de esos pequeños detalles cotidianos que son los que realmente importan.




Will you be my shoulder when I´m grey and older?
High. James Blunt

martes, 29 de septiembre de 2015

Al final, lo que importa, es la vida que no has malgastado

Cuando te enfrentas a una enfermedad que, hagas lo que hagas, sigue su camino inexorable, te das cuenta de lo verdaderamente valiosa que es la vida y la salud.
Muchas veces perdemos  tiempo y esfuerzo en batallas que no merecen la pena en nuestra vida cotidiana sin darnos cuenta de que al final, lo que importa realmente, es la vida que no has malgastado. El tiempo y las risas que compartimos con la familia y los amigos, los abrazos y los besos que regalamos, el tiempo que dedicamos a hacer el día más agradable a los demás.
Por todo eso, no quiero perder mi un minuto de mi tiempo sin vivir la vida con intensidad, te daré todos los abrazos y todos los besos que no te había dado en todos mis años de existencia. No dejaré de decirte todo lo que te quiero y que estaré a tu lado en lo bueno y en lo malo.
No perderé un minuto buscando el entendimiento con aquellos que no quieren escuchar ni razonar porque sólo tienen tiempo y ojos para sus propios ombligos.
Creo que te lo debo. Es tu legado.


 


Feeling God. Muse. 7 Pounds

viernes, 24 de abril de 2015

Hijos

El mayor regalo que podemos tener en esta vida es un hijo.
Pero es un regalo con truco.
No viene con manual de instrucciones como el móvil o el IPad.
Muchas veces se asocia la maternidad al hecho de hacerse un test y que de positivo.
Pero en cuanto empiezan las primeras molestias deja de ser una vivencia agradable.
¿Quién dijo que ser padre o madre estuviera exento de problemas?
El embarazo y el parto no son más que el comienzo del fin de  nuestro estado de bienestar.
Se acabó dormir 8 horas, ver tranquilamente una película, disfrutar de una conversación con tu marido, comer sin discutir sobre lo que es bueno para ellos y lo que ellos prefieren, ir al cine a ver "pelis de mayores". Bienvenido sea acostarse por la noche acariciando la mano de tu hijo, levantarse por la mañana en el borde de la cama a punto de caer porque de pronto somos tres y ya va quedándose pequeña, ir al cine a ver Doraemon o Harry Potter.
A pesar de todos los inconvenientes la paternidad es la experiencia más increíble y gratificante que se puede vivir.
Pero requiere muchísima responsabilidad.
Yo, cada día me rebano los sesos para intentar dar a mis hijos una visión optimista del mundo. Para que ellos sean, cada día, un poquito mejores personas. Para que pongan a mal tiempo buena cara. Para que estén siempre pendientes de aquel que pueda necesitar un poco de ayuda. Para que sepan agradecer cada día el regalo de tener una casa, un hogar, un plato de comida, un colegio donde aprender, amigos con los que disfrutar, una familia que les quiere y les apoya en sus decisiones. Para que sepan tomar sus propias decisiones de forma libre y responsable. Para que sean capaces de manifestar sus preferencias sin dejarse manipular y sin imponer su voluntad.

Como decía aquel....construir personas.





martes, 17 de marzo de 2015

la muerte no es una quimera

Por mi trabajo estoy en contacto estrecho con la vida, la muerte y el sufrimiento.
Ya llevo unos cuantos años a golpe de fonendo y por mi consulta han pasado montones de personas de todas las edades, culturas y credos, por lo que puedo decir, creo que con buen criterio, que sobrevivir a un hijo es una de las experiencias más duras que puede vivir el ser humano.
En el mar de colores que es la consulta del médico de familia, a veces comparto momentos alegres como la llegada a este mundo de un nuevo hijo o tristes por la desesperación de aquellos que no pueden ser padres mientras otros deciden voluntariamente y sin el menor reparo acabar en un momento con esa vida que comienza a gestarse alegando, simplemente, que ahora no me viene bien, o por la vivencia de enfermedades crónicas invalidantes o incurables.

En este mundo de contrastes, esta semana predomina el gris porque la balanza que equilibra los momentos de vida y los momentos de muerte de mi día a día se ha inclinado hacia la muerte.
Y entre paciente y paciente, el médico de familia tiene que intentar recomponerse para partir de cero. En tiempo récord, con una cadencia de cinco minutos que es lo que dice mi agenda que tiene cada paciente para ser atendido. Porque cada nombre en tu agenda necesita de tu mejor sonrisa y de tu mejor predisposición para atender sus problemas.
Pero que me diga alguien cuál es la fórmula para poder pasar página cuando a las cuatro de la tarde sientes un estremecimiento mientras escuchas a una madre rota por el dolor porque la muerte irrumpió en escena, como tantas veces, de madrugada,  hace ya tres años para arrebatarle a su único hijo. Son de estos momentos que yo denomino "se paró el reloj". No hay reloj, no hay lista, no hay teléfonos, no hay pantalla del ordenador para cumplimentar los protocolos de la historia clínica. Sólo hay dos personas que conectan a través de la mirada y la palabra.
Porque sus ojos tristes, como sin vida, se llenan de lágrimas al recordarle. Y, aunque el motivo que la trae hoy a verme es otro, cuando se despide me suelta, de sopetón, sin anestesia que "Yo sé que la vida sigue, continúa hacia adelante sin él y sin darse cuenta de que yo me quede anclada en aquel momento.  Intento cada día vivir lo mejor que puedo. Sé que hay personas a mi alrededor que me quieren y me acompañan para que yo siga adelante. Pero, doctora, yo he muerto en vida. Y no hay cosa que ansíe más que me llegue el momento de la muerte para poder estar con él".
Y, en estos momentos "se paró el reloj" no puedes hacer nada más que acompañar y abrazar en el dolor.
Dijo Epicuro de Samos que la muerte es una quimera: porque mientras yo existo, no existe la muerte; y cuando existe la muerte, ya no existo yo.

Esta madre no vive una quimera. Como bien dice ella, ha muerto en vida. Porque no se me ocurre tristeza más grande para una madre que enterrar a  un hijo.
Cuando éramos niños
los viejos tenían como treinta
un charco era un océano
la muerte lisa y llana
no existía.

Luego cuando muchachos
los viejos eran gente de cuarenta
un estanque era un océano
la muerte solamente
una palabra

Ya cuando nos casamos
los ancianos estaban en los cincuenta
un lago era un océano
la muerte era la muerte
de los otros.

Ahora veteranos
ya le dimos alcance a la verdad
el océano es por fin el océano
pero la muerte empieza a ser
la nuestra.


Mario Benedetti





lunes, 23 de febrero de 2015

El consumo excesivo de medicamentos en el primer mundo

A lo largo de esta semana, por diversos motivos, he pensado varias veces en escribir un post sobre el consumo de medicamentos en España. No encontraba el momento. Pero, esta mañana, mientras desayunaba con mi hijo, me he quedado perpleja y finalmente me he decidido.
En un canal infantil, se promocionaba el consumo de medicamentos a través de este vídeo.

 
Después, he visto en internet, una foto que me ha dejado aún más preocupada. Un cuenco de cereales en forma de pastillas. Y, de verdad, me he quedado perpleja. Porque me parece preocupante que ya estemos aleccionando a los más pequeños para seguir siendo el segundo país más consumidor de medicamentos del mundo.
 
Me parece tremendo que, mientras una parte del mundo muere por escasez de alimentos, otra se medicalice en exceso.
 
No es una percepción mía de un lunes postguardia.
 
 

 
Precisamente es EEUU el único país del mundo en el que el consumo de medicamentos supera a las cifras que tenemos en España.
 
Y es un tema realmente preocupante ya que el consumo generalizado de algunos medicamentos, no exentos de efectos secundarios, como los antiinflamatorios, los inhibidores de la bomba de protones (omeprazol) o las estatinas para disminuir los niveles de colesterol que produce nuestro estado de bienestar y nuestra dieta inadecuada ( Dieta para prevenir enfermedades coronarias )

Se echa mucho la culpa a la industria farmacéutica afirmando que crean enfermedades para después promocionar productos para curarlos, pero yo también echo la culpa a la sociedad en qué vivimos en la que se busca el estado de bienestar total, la inmediatez en la resolución de los problemas, y la escasísima tolerancia a la mínima molestia.

Medicalizamos cualquier problema cotidiano como puede ser la caída del pelo, la tristeza por una ruptura, la crisis por la maternidad o por un conflicto familiar, las molestias banales de un catarro, el dolor ante un traumatismo leve. Y no sólo somos capaces de tomar tres o cuatro fármacos distintos para mitigar las molestias que estas dolencias leves nos producen sino que exigimos que la resolución de las mismas sea inmediata.

No digo que los médicos no tengamos parte de culpa en todo esto. Pienso que la sociedad también debe tomar conciencia de este importante problema de salud pública y entonar su propio mea culpa.
 

jueves, 19 de febrero de 2015

El miedo y la incertidumbre, sentimientos de difícil manejo


¿Quién no ha sentido miedo alguna vez?
 
Es imposible no haber sentido miedo en algún momento de nuestra vida.
Miedo a la enfermedad, miedo al dolor, miedo a perder la estabilidad laboral, miedo a perder un ser querido, miedo a la propia muerte, miedo ante la incertidumbre.
Yo creo que sólo los inconscientes viven sin miedo a nada.
 
En mi caso concreto, y, en relación con el tema que nos ocupa, cada día que pasa,  tengo que hacer más terapia y relación de ayuda en la consulta.
 Cada vez más pacientes acuden aquejando ansiedad, llanto fácil, insomnio, desesperanza...solicitando alguna pastilla que les permita manejar el día a día, un poco más anestesiados.
Y cada vez, con más frecuencia, llego a casa sin fuerzas aunque, durante la mañana procuro llenarme de energía positiva para poder luego dar a mis pacientes.
Sin embargo, he de reconocer que, también a mí, en ocasiones, me cuesta encontrar motivos para la esperanza.
Escuchar las noticias, locales, regionales, nacionales o internacionales no es que ayude mucho, la verdad.
No sé si estamos en la fase de negación y aislamiento, o en la de ira y rabia, o en la de negociación, o en la depresión o en la aceptación. Supongo que, como en los duelos, cada uno se encuentra en su propia fase.
Me gustaría pensar que la mayoría no se encuentra entre la ira y la rabia o entre la depresión y la negación ya que mi deseo es que todos avancemos con aceptación, afrontando el futuro en paz, buscando alternativas, con la certeza de que toda noche tiene su día y al final del túnel siempre hay salida. 
Hace unos años, mientras estaba dedicada más a la gestión que a la medicina, acudí a un curso de nombre curioso " Los miedos del líder". Fui un poco por curiosidad y otro poco invitada por mi jefa. Y lo cierto es que tanto el contenido como la ponente me sorprendieron gratamente.
 
Se trataba de Pilar Jericó, una mujer joven y decidida con un impresionante curriculum a sus espaldas. Doctora en Organización de Empresas, licenciada en ciencias económicas y empresariales. Ha dedicado mucho tiempo y esfuerzo a trabajar sobre el talento y el impacto del miedo en el desarrollo de las empresas. Me dedicó su libro "No miedo" que guardo como oro en paño. Años más tarde publicó otro que también es de interesante lectura "Héroes cotidianos, descubre el valor que llevas dentro".
Vivir con miedo no es malo, pero es importante distinguir entre el miedo equilibrante y el tóxico.

El primero es el que nos ayuda a sobrevivir, a evitar situaciones que pongan en peligro nuestra integridad.

El segundo es el que nos paraliza y hace que no seamos capaces de seguir adelante, poniendo en riesgo nuestro bienestar.
 
Es fundamental sobreponerse al miedo. El valiente no es aquel que no tiene miedo, sino el que es capaz de sobreponerse a él y seguir adelante a pesar de él. Es fundamental no perder la cabeza y ser capaz de analizar cada situación para luchar contra el miedo paralizante.  
 
Extracto de la conferencia "Miedo; cómo vencerlo" de Pilar Jericó. Bilbao 13 de marzo de 2006

Todos sentimos miedo en nuestra vida. Gracias a él hemos llegado a sobrevivir como especie.(..)

El miedo es una emoción con la que nacemos, pero que se puede ir modulando a través de la propia educación, el entorno, la cultura, etc.

Los griegos lo explicaban muy bien a través de la mitología: Venus, diosa del amor, mantuvo un romance con Marte, dios de la guerra. De él nacieron cinco hijos: Cupido (dios del amor erótico), Anteros (dios del amor correspondido), Concordia (diosa del equilibrio y la belleza), Fobos (la fobia) y Deimos (el miedo). Como vemos, el miedo por tanto procede de la unión del amor y la guerra.
¿Esto qué quiere decir?. Que en la medida en que nosotros queramos o amemos algo temeremos perderlo.(...)

Cuando nos encontramos ante una situación de miedo nuestro cuerpo sufre una serie de cambios: el corazón palpita con más velocidad para enviar sangre a las extremidades y al cerebro, las pupilas se dilatan, y se producen tres hormonas: la adrenalina, la noradrenalina y los corticoides, también llamados hormonas del miedo. Los corticoides impiden que se produzca la conexión entre nuestras neuronas, la sinapsis, que como sabemos es la base de la creatividad.
Por tanto, es biológicamente imposible que una persona sea capaz de desarrollar todo su potencial cuando vive en una situación constante de miedo. Se paraliza.(...)
¿Cómo podemos conquistar el miedo?
Existen varios pasos para conseguir que el miedo no nos paralice:
1. Aceptar que tenemos miedo. Sabemos que todos lo padecemos y no es un síntoma de debilidad reconocerlo.
2. Identificar cuál es nuestro miedo. A veces no es fácil reconocerlo. En ese caso lo mejor es centrarnos en la otra cara de la moneda: ¿cuál es nuestra motivación?: En función lo que nos motive tendremos miedo a perderlo.
3. Mirar al miedo a la cara y hacerlo concreto. Nuestro peor enemigo siempre es nuestra propia cabeza. Nosotros somos capaces de imaginar cosas mucho peores que la realidad. Por eso son tan peligrosos los miedos ambiguos. Cuando un jefe te dice: "haz esto o atente a las consecuencias", probablemente pensemos en unas consecuencias mucho más dramáticas que las que luego realmente sucederán.
Victor Frankl fue un psiquiatra judío que pasó la segunda guerra mundial en varios campos de exterminio, entre ellos Auswitz. Según él, no se salvaron de aquel infierno los más fuertes, ni los más cultos, ni los mejor preparados, sino aquellos que tenían una motivación más allá de su propia vida: "cuando salga escribiré un libro", "cuando salga veré a mis hijos", "cuando salga contaré esto al mundo".




Como decía Nelson Mandela: "No es valiente quien no tiene miedo, sino quien sabe conquistarlo"
 

martes, 17 de febrero de 2015

A vueltas con la maternidad a propósito de un cumple

Tú ya duermes, después de un día agotador. Mientras, yo preparo su bizcocho favorito.
Es muy tarde, pero la ocasión bien merece el esfuerzo. Doce años no se cumplen todos los días.
El olor a vainilla me permite evocar viejos recuerdos de mi infancia en la cocina de mi madre, de tu abuela, aprendiendo recetas que luego he intentado reproducir con mayor o menor éxito a lo largo de mi vida.
La maternidad del siglo XXI no es tarea sencilla.
Sé que la maternidad en muchos puntos del planeta es mucho más complicada que la mía, que la nuestra, pero yo, en estos momentos, hablo de lo que me toca.
Parece que fue ayer cuando vi tu cara por primera vez. Un mundo nuevo lleno de ilusión y proyectos comenzaba con aquel llanto tan especial que a mí me sonó a gloria. Y es que sólo una madre puede comprender ese vínculo tan especial que nace nada más tener a tu hijo en brazos y que no desaparece nunca.
La difícil conciliación entre la vida familiar y la laboral pronto me devolvió a la realidad. Para ser exactos, a los cuatro meses y medio. Y es que, llegar a casa entre las nueve y las diez de la noche y trabajar los fines de semana, no facilita mucho las cosas.
Y siento, y sentiré siempre, cada momento que me he perdido a tu lado. Tus primeros pasos, alguna de tus primeras palabras, los juegos en el parque, preparar deberes cada tarde, muchos de tus partidos de baloncesto, las salidas del colegio...
Porque, en la era de las nuevas tecnologías, en la que parece que estamos más interconectados y comunicados que nunca, no hay whatsapp ni Facebook ni twitter, ni sms o mms que supla el calor de una madre cuando vuelves del colegio. Esas madres omnipresentes del siglo XX, como la mía, que siempre estaban cerca si las necesitabas.
Por eso, aunque sólo sea un instante efímero, mañana por la mañana, quiero desearte un feliz día de cumpleaños con tu tarta favorita.


Alegría por vivir

 
 
Pocas personas disfrutan tanto de la vida como mi amigo Fran. A primera vista podría parecer que vive una vida totalmente despreocupada y libre de problemas pero los que le conocemos sabemos que esto no es cierto en absoluto. De alguien que trabaja día a día tan directamente con la enfermedad, el sufrimiento e incluso la muerte quizá deberíamos esperar tristeza y frustración. Pero en lugar de esto, Fran disfruta de cada momento que tiene disponible en su interminable agenda de guardias,  para visitar lugares nuevos, coleccionar experiencias y llevar sus conocimientos allá donde más falta hacen. Es evidente que estar feliz de vacaciones es tarea fácil pero Fran disfruta igual de su trabajo, que de su último viaje al Himalaya.Tener un amigo como Fran me recuerda constantemente la importancia de tener siempre un proyecto por hacer, un lugar nuevo que conocer, entusiasmo por tu trabajo, ganas de seguir aprendiendo, poner al mal tiempo buena cara, levantarse a pesar de haber caído...en resumen...alegría por vivir.
 
Gracias por compartir conmigo esta amistad y permitirme "viajar" a los maravillosos sitios que visitas.
 
 
 


Viaje a Nepal , el país del Himalaya

martes, 10 de febrero de 2015

Etiquetas

Desde que nacemos, nos van colgando etiquetas. Etiquetas que nos definen, que muestran cómo nos ven los demás.
En el mundo en que vivimos hay miedo al compromiso, a definirnos, a etiquetarnos.
Pero yo estoy orgullosa de mis etiquetas, que por orden cronológico, son:
hija
hermana
nieta
sobrina
ahijada
prima
amiga
estudiante
jirafa
directora de orquesta
novia
cuñada
nuera
residente
tía
madrina
médico de familia
esposa
MADRE
directora
bloguera
fotógrafa
cantante
cocinera
ama de casa
ciclista
ecografista
bailarina de cha cha cha

.
.
.
.
.
 
Me encantan mis etiquetas y me encanta acumular todos los títulos que  nos ofrece la universidad de la vida. Espero con ansia seguir coleccionándolas. 
 
PD En mayúscula, la etiqueta que más ilusión me hizo que me colgasen
 
 
 




lunes, 2 de febrero de 2015

El grano de arena

En un mundo que parece estar en constante deriva, tomar conciencia de que tenemos la oportunidad de aportar nuestro granito de arena para inclinar la balanza a uno u otro lado, es fundamental.
 
No es nuevo que el hombre ponga, desde que se creó el mundo, su propia existencia en peligro. Y no sé si este es el momento de más riesgo desde que el mundo es mundo.
 
Sólo sé que no podemos permanecer impávidos, planteándonos únicamente ser felices y vivir el día a día de lunes a viernes esperando que llegue el fin de semana para disfrutar al máximo.
 
Tenemos en nuestras manos la oportunidad de hacer cada día un poco mejor este mundo de locos. Cada uno desde su propia vocación de madre, padre, panadero, taxista, publicista, periodista, médico, albañíl, picapedrero, cura, ama de casa o dependiente.
 
Con cada gesto podemos y debemos hacer que nuestro entorno, nuestro lugar de trabajo, nuestra comunidad de vecinos, nuestra casa, nuestra familia, sea un lugar donde se aprenda a discutir los distintos puntos de vista con el diálogo y desde el respeto a las diferencias. Donde se comprenda que con el esfuerzo de todos y cada uno de nosotros, teniendo en cuenta nuestros puntos fuertes y nuestras debilidades, se pueden construir puentes, y no murallas. Donde se aprenda la importancia del esfuerzo y de el compromiso para realizar nuestro trabajo con el mayor empeño y la mejor calidad. Donde cada decisión que se tome sea justa y comprometida. Donde cada paso que demos seamos capaces de plantear el dilema de si es lo mejor para todos y no sólo para nosotros mismos. Donde seamos capaces de ver las necesidades de los demás y ayudar a paliarlas en la medida que sea posible.
 
Se podrían enumerar muchas más pero pienso, sinceramente, que con que fuésemos capaces de hacer medianamente bien estas, este, nuestro mundo, sería un lugar un poco más confortable para vivir y podríamos asegurar un mejor futuro para nuestro hijos y para nuestros nietos.
 
Es sólo un granito de arena, pero gota a gota se hace océano.


 
God knows what is hiding in those weak and drunken hearts
Guess he kissed the girls and made them cry
Those hard-faced queens of misadventure
God knows what is hiding in those weak and sunken lives
Fiery throngs of muted angels
Giving love but getting nothing back, oh

People help the people
And if you're homesick
give me your hand and I'll hold it
People help the people
And nothing will drag you down
Oh and if I had a brain,
Oh and if I had a brain
I'd be cold as a stone and rich as a fool
That turned all those good hearts away

sábado, 3 de mayo de 2014

Madre no hay más que una

Suena a tópico típico pero yo tengo mis razones para pensar que la mía, es la mejor del mundo.
Nos ha enseñado que una sonrisa es la mejor respuesta a prácticamente todas las circunstancias de la vida.
Que, por muy mal que pinten las cosas, siempre hay una salida.
Que todo el mundo merece una segunda oportunidad. Incluso una tercera, una cuarta, e, incluso, infinitas segundas oportunidades.
Que es posible llevarse bien con todo el mundo. Sólo hace falta un poco de voluntad y muchas dosis de paciencia. Y que no pasa nada por poner de nuevo la otra mejilla.
Que a pesar de todo lo que nos trae la vida, siempre hay motivos para ser feliz y dar lo mejor de nosotros mismos.
Que existe el amor incondicional y que es posible ser nosotros mismos sin morir en el intento.
Que una madre siempre tiene la puerta abierta para recibir a sus retoños. No importa el momento, ni el lugar ni la hora.
Que una madre te dirá siempre lo que necesitas escuchar, y no lo que quieres oír.
Que nunca es lo suficientemente tarde para comenzar un nuevo proyecto.
Que nunca se debe perder un sueño.
Que un hijo no es nunca lo suficientemente mayor como para no necesitar acurrucarse entre sus brazos ni recibir su consejo.
Que un hijo no es nunca lo suficientemente grande para necesitar su cuidado.
Que para sobrevivir a esta locura cotidiana es necesario conservar una parte del niño que fuiste.

Daría miles de motivos.
Y siempre me quedaría corta.
Porque madre, no hay más que una. Y la mía, es la mejor de todas.
Feliz día de la madre y millones de gracias por ser y por estar.





martes, 4 de marzo de 2014

La paz, esa frágil paloma


Conozco varias familias destrozadas por conflictos armados que pueden parecer lejanos pero que, en realidad, están mas cerca de lo que creemos.
 
Hombres y mujeres que tienen familia en Siria, Egipto o Ucrania. Conflictos que parecen no ir con nosotros hasta que, de pronto, se hacen presentes en sus rostros y en sus miradas de desaliento. La desesperación y la angustia de no saber qué suerte corren los seres que más queremos, no entiende de culturas ni religiones.

No hace mucho atendí a una paciente de Siria que había viajado recientemente a su país y que aún sentía el miedo en su interior recordando lo que allí había vivido. La angustia de dejar a sus familiares más allegados en un país en guerra está presente en cada minuto de su día a día.

Ayer, una paciente de Ucrania me dijo: "Doctora, qué triste estoy por todo lo que está sucediendo. Tengo allí familiares y amigos y vivo angustiada por ellos. Mi hija y mis nietos viven constantemente angustiados por lo que puede suceder.Por favor, rece por la paz de mi país".

Así será. No lo dudes.

Aunque no sé hasta dónde puede llegar esta locura tan humana llamada ambición.


viernes, 7 de febrero de 2014

La caída



 Hoy he recibido una mala noticia. No estoy seguro de que sea la peor de todas las que he tenido hasta ahora. Lo que sí sé es que ha colmado mi vaso de malas noticias de los últimos meses.  Aun así, he sacado fuerzas de donde no tengo para acudir a la cita de cada semana con mi médico de familia. Creo que es el único momento en el que realmente puedo ser yo y mostrar mi flaqueza. En el que puedo hablar con franqueza de mis sentimientos y de mis problemas porque me deja hablar sin juzgarme, sin dirigirme, sin gritarme. Muy distinto de cómo me he sentido tratado en los últimos años. 

El camino se ha hecho interminable. Pensé por un momento que llegaría tarde o, incluso, que no llegaría.

Cada paso se hacía un mundo. Era como si llevase una pesadísima mochila a la espalda que me impidiera mantenerme en pie y caminar.

No quiero mirar atrás porque tengo la sensación de que a cada paso que doy el suelo que acabo de pisar se va desmoronando a mis espaldas. Tengo la necesidad de quitarme la mochila de la espalda. Es una necesidad cada vez más intensa y angustiosa pero me resulta imposible hacerlo. Es como si estuviera pegada a mí, piel con piel. No puedo desprenderme de ella. Es una sensación rara. Pero sigo tirando de mí para llegar a mi cita.
No sé dónde ir. No sé dónde mirar. No sé dónde agarrarme para no caer. Siento que ahora sí estoy hundido, tengo la sensación de que nunca, nunca, nunca, NUNCA volveré a ser feliz.
Por fin llego a la sala de espera. Me siento y, de pronto, me doy cuenta de que la poca fuerza que tenía y que ha permitido que llegue hasta allí se me está yendo de las manos. Noto que estoy cayendo. La vida está llena de días de rosas y días de espinas pero tengo la sensación de que últimamente todo han sido espinas y ninguna rosa.
Me siento como si estuviera haciendo una carrera de obstáculos sin entrenamiento previo. A lo largo de mi vida he tenido que sortear muchas dificultades. El primer obstáculo lo pasas bien. Sin embargo, el segundo, el tercero, ya van pesando y los pasas peor. Pero sigues porque piensas que la meta está cerca. Que la buena suerte, por fin, está llamando a tu puerta. Pero, de pronto, te das cuenta que a cada obstáculo que pasas te esperan dos o tres más y en uno de ellos, que no tiene porqué ser el más grande ni el más difícil ni el más grave, te caes. Y te caes porque ya te pilla sin fuerzas. 


Este momento, en el que caes y ya no sientes fuerzas ni ánimos para levantarte, es el más duro. Porque ahora ya sí que no tienes nada de energía para volver a ponerte en pie. Porque te sientes frágil y vulnerable y porque piensas que los demás pasan a tu alrededor mirando para otro lado como si no les importase tu caída. 

Pero este momento te puede, te debe, servir de mucho. Te sirve para darte cuenta de muchas cosas, para reflexionar. Para pensar cómo eran los anteriores obstáculos que fuiste pasando sin pensar ni meditar. Para sentir cómo estás. Es un momento único, para pensar en ti mismo, en cuidarte, en mimarte, para quitarte las agujetas que tienes de las carreras anteriores. Para retomar fuerzas que te permitan continuar hasta la meta. Para reconocer todas las manos que se tienden para ayudarte en tu camino de forma desinteresada.

Porque si miras bien, siempre hay personas dispuestas a compartir tu carga, a escucharte.

No importa el tiempo que te lleve levantarte. Llegar rápido a la meta no es lo importante ahora. Lo importante es recuperarte de tu caída y levantarte con más fuerza. Debe ser, ni más ni menos, el tiempo suficiente para seguir adelante más fuerte, con optimismo, con más sabiduría. 
 

Me doy cuenta de que hasta ahora no había dedicado el tiempo a meditar sobre mi vida, mis experiencias, mis sentimientos, o los anteriores obstáculos. Pero realmente necesito tiempo para reencontrar mi paz interior. Para volver a ser yo mismo. Para reconocer cuales son las fortalezas que me pueden hacer salir de este agujero que no parece tener fondo y en el que cada vez estoy más y más hundido.

 Mi médico de familia me está cogiendo del brazo a la vez que repite mi nombre una y otra vez. Creo que llevo un rato escuchando sus palabras como si fuera una voz en off pero no le había prestado atención. En cuanto he notado su mano sobre mi brazo, sus palabras se hacen más cercanas y consiguen sacarme de mis pensamientos. Me levanto y le sigo hasta la consulta.

Puedo sentir los ojos de muchas de las personas que se encuentran en la sala de espera pegados en mí pero ya no me importa lo que piensen los demás.

Acabo de darme cuenta de que estoy mucho peor de lo que yo creía y de que realmente necesito que alguien me tienda la mano para levantarme y seguir adelante.











martes, 4 de febrero de 2014

Tengo miedo

Tengo miedo. Sé que me queda poco tiempo. Lo presiento porque cada vez tengo menos fuerzas y mi cuerpo deja, poco a poco de funcionar. Lo noto en las miradas tristes y cabizbajas de todos aquellos a los que quiero y que rehúyen mi mirada y mis palabras. Sólo insisten en que tengo que comer, en que me pondré mejor, sin darse cuenta de que lo único que quiero es que se queden a mi lado, me cojan la mano y me acompañen en este duro trance. Que me entiendan.
No quiero ser egoísta. Sé que para ellos también es duro. Estoy convencido de que ellos también saben que me queda poco tiempo y que lo único que hacen es luchar de todas las formas posibles para arrancar un segundo más de mi vida en este mundo. Me gustaría ser valiente. Tomarles de la mano y decirles que no tengo miedo a morir.
Que mi miedo es a no poder vivir con ellos todos esos momentos que les queda por disfrutar.
Tengo miedo a haber malgastado mi vida y a no haberles dicho las suficientes veces que les quiero.
A no haberles dedicado todo el tiempo que yo quería y ellos necesitaban.
A desaparecer y no dejar el mínimo recuerdo cuando me haya ido.
A no haber vivido con la suficiente intensidad cada momento de alegría compartido.
A no haber dedicado a todo el que lo necesitaba mi atención y mi ayuda.
A no haber sido buena persona, con todo lo que esta expresión implica.
Tengo miedo y no me atrevo a decirles que no quiero irme y perderme el resto de sus vidas. La primera novia o el primer día de universidad de mis nietos, sus éxitos y sus fracasos. Ya no podré estar con ellos cuando la vida les haga tambalearse y caer y necesiten una mano desinteresada para volver a levantarse.
Tengo miedo, y no me atrevo a decírselo porque sé que ellos también lo tienen.





viernes, 3 de enero de 2014

Ya vienen los Reyes Magos, ya vienen los Reyes Magos....

Queridos Reyes Magos:


Ya sabéis, porque me conocéis desde hace mucho tiempo, que ya hace años que no pido nada para mí.
Pero este año sí me he decidido a escribiros una carta con mis peticiones, adelantándome a mi hermano pequeño, que es el que suele hacerlo por todos.
El 2013 ha sido un mal año. Es posible que desde hace más de una década, cada uno de los años que hemos ido terminando han tenido el mismo calificativo. Pero a mí me da la sensación de que este ha sido especialmente malo.
Hasta ahora, muchas de las malas noticias que nos cuentan en los medios de comunicación parecían no afectarnos directamente pero durante el 2013 yo sí le he puesto cara a muchas de ellas.
1. Guerra: conozco varias familias destrozadas por conflictos armados que parecen lejanos a nosotros como Siria o Egipto,  pero que de pronto se hacen presentes en sus rostros y en sus miradas de desaliento. La desesperación y la angustia de no saber qué suerte corren los seres que más queremos, no entiende de culturas ni religiones.
2. Paro, miseria, hambre: muchas personas que están más cerca de nosotros de lo que podemos imaginar, no tienen lo suficiente para llegar a final de mes ni para tener un techo en el que cobijarse, ni se sienten dignos por no tener un trabajo para poder sacar adelante a sus familias sin tener que pedir ayuda a otros.
3. Desarraigo: en la cara de tantos emigrantes e inmigrantes que conozco. Muchos de ellos solos, sin familia y, a veces sin amigos, cerca con los que compartir tantos momentos cotidianos.
4. Enfermedad: vivir una enfermedad grave o incurable en las propias carnes o en la de un ser querido es una experiencia devastadora. Y más cuando a ello se suma la soledad de ser inmigrante sin familiares cerca.
5. Desencuentros, rupturas de pareja.
6. Violencia de género.
7. Pérdida de un ser querido. Más dura aún cuando se trata de un hijo.
 
 
Podría seguir enumerando tantas situaciones que son más cotidianas de lo que podemos imaginar que no tendría fin y me imagino que tenéis que leer muchas más peticiones.
 
Yo no quiero pedir para mí nada más que una cosa: fuerza para seguir tendiendo la mano a todos los rostros que tengo en mi mente al escribir esta carta.
 
Espero que seáis generosos conmigo y me traigáis un saco bien grande.
 
 

miércoles, 11 de diciembre de 2013

Resumen de el 2013 en imágenes

Puede que el 2014 nos traiga, entre otras sorpresas,  la marea privatizadora de nuestro jefe que parece, de forma silenciosa como la tempestad que precede a la calma, seguir adelante irremediablemente. Puede que los centros sean gestionados por EBAs  y sean ocupados por profesionales más JASP (jóvenes absoluta y sobradamente preparados) pero de lo que estoy segura es de que no vendrán médicos de familia más entregados día a día a sus pacientes que muchos compañeros con los que tengo el honor de trabajar y haber trabajado.

Mientras el futuro trae lo que tenga que venir, quiero resumir mi año profesional en momentos que han ido ocupando mi mochila.
 
Algunos buenos, otros tristes, otros conflictivos.

1. La Alegría por la feliz espera de un hijo y por su nacimiento. Por el nacimiento de un nieto. Por recibir, al fin, buenas noticias. Por alivio al saber que los resultados están bien. También porque he conseguido un trabajo o he resuelto el conflicto con mi pareja, mis hijos o mis padres.
2. La Tristeza por la vivencia de una enfermedad que no tiene cura, por acompañar a un ser querido en su sufrimiento, por la muerte de mi marido, de mi madre o de un hijo. Por no poder quedarme embarazada.

3. La Rabia y la Frustración por vivir situaciones de conflicto en el trabajo, en la familia, en el matrimonio o en la consulta. Por no conseguir algunas cosas que deseamos. Al saber que mi enfermedad es crónica y no tiene cura. Al darme cuenta que me voy haciendo mayor y tengo mis limitaciones. Por no ser capaces de superar tantas crisis de pareja.
4. La Rebeldía porque no "quiero hacerme los controles" de mi tensión o mi azúcar, hasta que tengo un susto. Porque me resisto a hacerme mayor.
5. La Incertidumbre ante el futuro, hasta que conozca el resultado de mis pruebas,
6. El Miedo a un embarazo inesperado, a una intervención quirúrgica, a empezar a utilizar un tratamiento nuevo. A ser tratado diferente por no tener recursos, por ser de distinta raza o religión.
7. La Angustia de vivir en un país extranjero sin familia ni amigos a los que recurrir si me pasa algo, por no poder acudir al funeral de mi padre fuera de España o por vivir la enfermedad de un hijo desde la distancia insalvable de miles de kilómetros y un océano. 
 
Seguramente hay muchas más. Detrás de todas ellas están las caras de muchas personas que no puedo ni debo nombrar pero a las que quiero agradecer que me permitan compartir con ellos todos estos momentos y alegrarme, entristecerme, dudar, sentirme frustrada en tantos momentos. Porque así puedo seguir aprendiendo cada día de todos los matices de las emociones que podemos tener cómo podemos enfrentarnos al proceso de la salud y de la enfermedad.