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miércoles, 11 de marzo de 2015

Descubriendo el Mindfulness: el cazador que persigue dos conejos no atrapa ninguno.


Si, ya lo sé.
El mindfulness no es nada nuevo, aunque he de reconocer que para mí, sí. No había oído hablar de él hasta que hace unas semanas una amiga del colegio me sugirió utilizarlo en el centro de salud para los pacientes. Así que, en cuanto tuve oportunidad, me decidí a buscar información al respecto. Y en esas estamos.

Según voy leyendo me voy dando cuenta de que, si lo piensas detenidamente, no nos dice nada nuevo. Al fin y al cabo es una técnica que utilizan los budistas desde hace ya unos cuantos cientos de años y es algo que de forma intuitiva hacen muchas personas: Tomar conciencia del momento presente.
El mindfulness se ha traducido al castellano como atención plena, que viene a ser una forma de decir estar concentrados en el aquí y en el ahora, con nuestros cinco sentidos, pero sin juzgar y con aceptación.
En una sociedad cada vez más acelerada y estresada, muchos de nuestros males se pueden resumir en que estamos "infoxicados". Saltamos de una tarea a otra, de una actividad a otra, sin prestar muchas veces atención a ninguna de ellas, generando frustración porque tenemos la sensación de no llegar a ningún sitio ni poder abarcar todas las tareas. Y lo que es peor, sin prestar atención a lo que sentimos ante las situaciones presentes, perdiendo el tiempo en lo vivido en el pasado o en o que tememos o creemos que nos deparará el futuro. 
Y si no, que levante la mano quien no ha vivido alguna de estas situaciones:
1. Comer sin masticar ni saborear el plato mientras mantenemos una reunión de trabajo o vemos la televisión.
2. Llegar al destino sin haber sido conscientes del trayecto en coche.
3. Juzgar las situaciones como buenas o malas y, en función de ello, aceptarlas o rechazarlas.
4. Olvidar o tirar cosas por descuido
5. Empezar una tarea y abandonarla a los pocos minutos para atender una llamada o para realizar otra tarea.
6. Oír sin escuchar lo que nos dicen
El concepto atención plena implica tomar conciencia del momento presente, sin juzgar y con aceptación.
Es muy frecuente en nuestra sociedad pasar de puntillas por el ahora distraídos por alguna situación pasada o ensoñaciones sobre el futuro.
El precursor del mindfulness, como medio para reducir el estrés, es John Kabat Zinn, que fundó en 1979 el Centro de midfulness en Masachussets  y desarrolló un programa de reduccion de estrés basado en la conciencia plena (conocido como MSBR, Mindfulness based stress reduction) en 8 semanas.
Hay estudios neurobiológicos que demuestran que un elevado nivel de atención se correlaciona con niveles bajos de neuroticismo, alexitimia, ansiedad, depresión y somatización y elevada inteligencia emocional así como baja hostilidad, impulsividad y vulnerabilidad a la aparición de enfermedades psiquiátricas.
Además, se sabe que las personas con tendencia a la depresión tienen predominancia en la actividad neuronal de la región prefontal derecha del cerebro mientras que las personas con mayor capacidad para regular sus emociones tienen más activada la izquierda. Estos estudios han descubierto que tras ocho semanas de meditación regular, empieza a desarrollarse más el lado izquierdo y que los meditadores tienen mayor densidad neuronal,  mayor capacidad para procesar la información y niveles de estrés y ansiedad bajos y que el estado de atención plena nos permite ser más creativos y empáticos.
La atención plena ayuda a aumentar la concentración, a disminuir automatismos, a frenar la impulsividad, a aceptar la realidad tal y como es y a disfrutar del presente, a disminuir la ansiedad y  a fomentar el autoconocimiento
El mindfulness también se ha aplicado en el ámbito de la medicina y hay muchos estudios que avalan su eficacia en el tratamiento de pacientes con fibromialgia, trastornos obsesivos compulsivos, trastorno depresivo, trastorno de ansiedad generalizada, adicciones, dolor crónico y en el abordaje del burnout en profesionales sanitarios (Evaluación de la efectividad de un programa de mindfulness en profesionales de atención primaria)
Además, se están desarrollando algunos proyectos en el ámbito de la pediatría ( Mindfulness en Pediatría: el proyecto “Creciendo con atención y consciencia plena” ) con el objetivo de aprender  a gestionar las capacidades de control sobre la  salud desde la atención y consciencia plena.
En el ámbito de la salud se han demostrado beneficios también en los profesionales sanitarios, mejorando la introspección y permitiendo desarrollar aspectos más humanistas y habilidades como el afrontamiento del estrés y la empatía puesto que el estar atento disminuye la tendencia a cargar con as emociones negativas de otros.
Se puede aplicar de forma individual o en grupo y, a diferencia de los tratamientos farmacológicos, su eficacia se mantiene durante más tiempo puesto que el individuo integra estas habilidades a su vida diaria.
El inconveniente principal es que se requiere el compromiso activo del paciente ya que, en palabras de Daniel Goleman, "La atención es un músculo que se debe entrenar” 

 Andy Puddicombe. Mindfulness 10 minutos
Seguiremos buceando.

lunes, 23 de febrero de 2015

El consumo excesivo de medicamentos en el primer mundo

A lo largo de esta semana, por diversos motivos, he pensado varias veces en escribir un post sobre el consumo de medicamentos en España. No encontraba el momento. Pero, esta mañana, mientras desayunaba con mi hijo, me he quedado perpleja y finalmente me he decidido.
En un canal infantil, se promocionaba el consumo de medicamentos a través de este vídeo.

 
Después, he visto en internet, una foto que me ha dejado aún más preocupada. Un cuenco de cereales en forma de pastillas. Y, de verdad, me he quedado perpleja. Porque me parece preocupante que ya estemos aleccionando a los más pequeños para seguir siendo el segundo país más consumidor de medicamentos del mundo.
 
Me parece tremendo que, mientras una parte del mundo muere por escasez de alimentos, otra se medicalice en exceso.
 
No es una percepción mía de un lunes postguardia.
 
 

 
Precisamente es EEUU el único país del mundo en el que el consumo de medicamentos supera a las cifras que tenemos en España.
 
Y es un tema realmente preocupante ya que el consumo generalizado de algunos medicamentos, no exentos de efectos secundarios, como los antiinflamatorios, los inhibidores de la bomba de protones (omeprazol) o las estatinas para disminuir los niveles de colesterol que produce nuestro estado de bienestar y nuestra dieta inadecuada ( Dieta para prevenir enfermedades coronarias )

Se echa mucho la culpa a la industria farmacéutica afirmando que crean enfermedades para después promocionar productos para curarlos, pero yo también echo la culpa a la sociedad en qué vivimos en la que se busca el estado de bienestar total, la inmediatez en la resolución de los problemas, y la escasísima tolerancia a la mínima molestia.

Medicalizamos cualquier problema cotidiano como puede ser la caída del pelo, la tristeza por una ruptura, la crisis por la maternidad o por un conflicto familiar, las molestias banales de un catarro, el dolor ante un traumatismo leve. Y no sólo somos capaces de tomar tres o cuatro fármacos distintos para mitigar las molestias que estas dolencias leves nos producen sino que exigimos que la resolución de las mismas sea inmediata.

No digo que los médicos no tengamos parte de culpa en todo esto. Pienso que la sociedad también debe tomar conciencia de este importante problema de salud pública y entonar su propio mea culpa.
 

lunes, 9 de septiembre de 2013

La escucha



Una de las herramientas más poderosas en la consulta del médico de familia es la palabra. Ya lo he comentado más veces. Y uno de los retos más frecuentes, el manejo del tiempo.

Hay que mantenerse alerta en cada segundo de la entrevista clínica porque a veces, los síntomas manifestados no son más que una tapadera o una excusa o una manifestación larvada que nos permite abrir la caja de los truenos.

Y una vez abierta, hay que saber que es una oportunidad de oro para tender la mano e iniciar una relación de ayuda. Y es ahí donde el reloj a veces debe pararse intentando mantener un equilibrio entre el tiempo que el paciente que tienes delante precisa y el tiempo de los pacientes que aún esperan para ser atendidos

Hace ya años que me topé con esta expresión y tuve la oportunidad de trabajar con un enfermero que la ponía en práctica de forma magistral.

La relación de ayuda podría asimilarse a la práctica, más habitual hace unos años que ahora, del desahogo.

Antes las relaciones sociales no necesitaban de teléfonos, ni ordenadores, ni whatsapp, ni Facebook, ni twitter.

Yo no digo que no tengan sus ventajas (relaciones más globales, inmediatez, acortar distancias) pero también tienen muchos inconvenientes (pérdida de intimidad, falta de comunicación real).

Pero las redes sociales no son la panacea y al final, el ser humano se siente solo.

El correo electrónico puede estar cargado de mensajes pero la mayoría de las veces los que se acuerdan de uno es porque hay que reenviar el PPS del angelito a 100 contactos para que no te caigan 200 años de mala suerte, o el pps del carpe diem para recordarnos que debemos ser optimistas y felices, o el video gracioso de moda.

Pero la realidad, es que en el siglo XXI, en la era de las comunicaciones, cuando el ser humano está más conectado y más informado que nunca, es cuando se encuentra más solo que nunca. Verdad verdadera.

No hace mucho tiempo las relaciones se construían de forma directa, en la familia, con los amigos, con los compañeros de trabajo. La familia, los vecinos, los amigos, constituían el núcleo fundamental de apoyo cuando uno se encontraba enfermo, o triste. El soporte emocional lo proporcionaban los familiares, los pacientes, los vecinos, los amigos, el médico de familia o el cura del barrio. Pero hoy en día lo sustenta la world wide web de forma falaz.

En el ámbito de la salud, sobre todo en la consulta del médico de familia es fundamental el enfoque desde el punto de vista biopsicosocial. El paciente, ante el proceso de la enfermedad, también presenta necesidades emocionales, sociales y espirituales.

La relación de ayuda es acoger, escuchar, comprender, respetar y acompañar a las personas en la búsqueda de la solución de sus propios problemas.

Antes de lanzarse al ruedo es importante saber que requiere un poco de técnica y partir de una serie de premisas.

1. El que inicia una relación de ayuda debe conocerse muy bien a sí mismo, con el objetivo de evitar proyectar en el otro aspectos inconscientes de la propia personalidad, vivencias personales, miedos.

2. Queda totalmente prohibido manipular la toma de decisiones del otro. El paciente debe tomar sus propias decisiones. Nuestra función es única y exclusivamente acompañar y nunca dirigir.

3. Es prioritario que el que realiza relación de ayuda tenga una buena capacidad de escucha. La escucha activa es la herramienta más poderosa. Cuando uno se siente escuchado comprende que tiene valor para el interlocutor y es mucho más fácil que se pueda expresar con libertad, abiertamente. Escuchar de forma activa es difícil. Es fundamental escuchar en absoluto silencio, incluso silenciando nuestros propios pensamientos. Debemos centrarnos por completo en el otro.

4. Desarrollar la capacidad de la escucha activa y la empatía, sabiendo que ser empático es ser capaz de "leer" emocionalmente al otro.

5. Motivar a la persona a hacerse responsable de su propia vida.

El que escucha debe ayudar al otro a realizar elecciones maduras y responsables permitiendo ponerle ante la situación que le preocupa sopesando los aspectos positivos y negativos y permitiendole descubrir sus propios recursos.



Still haven´t found what I´m looking for. U2.

jueves, 16 de mayo de 2013

La bolsa de clavos....


...o cómo es que todo lo que hacemos o decimos deja huella.

A lo largo de la consulta, entre catarros, alergias, conjuntivitis y diabetes siempre se cuela algún paciente con problemas emocionales.

El ser humano, en su dimensión más auténtica es un ser social y es en esas relaciones interpersonales donde surgen roces y desencuentros.

A veces, me gusta sugerirles relatos para poder meditar. Y en los problemas de pareja, o entre padres e hijos, este siempre me parece una buena elección.


Esta es la historia de un joven que tenía muy mal carácter.
Su padre le dio una bolsa de clavos y le dijo que cada vez que perdiera la paciencia, debería clavar un clavo detrás de la puerta.
El primer día, el muchacho clavó 37 clavos detrás de la puerta.
Las semanas que siguieron, a medida que el aprendía a controlar su genio, clavaba cada vez menos clavos detrás de la puerta.
Descubría que era más fácil controlar su genio que clavar clavos detrás de la puerta.
Llegó el día en que pudo controlar su carácter durante todo el día.
Después de informar a su padre, este le sugirió que retirara un clavo cada día que lograra controlar su carácter y demostrara paciencia.
Los días pasaron y el joven pudo finalmente anunciar a su padre que no quedaban más clavos para retirar de la puerta.
Su padre lo tomó de la mano y lo llevo hasta la puerta.
Le dijo: has trabajado duro, hijo mío, pero mira todos esos hoyos en la puerta. Nunca más será la misma.
Cada vez que tu pierdes la paciencia, dejas cicatrices exactamente como las que aquí ves.
Tu puedes insultar a alguien y retirar lo dicho, pero del modo como se lo digas lo devastara, y la cicatriz perdurara para siempre.
Una ofensa verbal es tan dañina como una ofensa física.
 
 

lunes, 1 de abril de 2013

La sobrecarga del cuidador

Llevo un montón de días sin colgar ningún post.
Un buen día decidí hacer un blog y de pronto me di cuenta que no había puesto en la columna de contras que hay que ser serio y mantener cierta actividad periódica.
Y no ha sido por falta de interés, en este caso, sino más bien por falta de ideas concretas o de tiempo.
Una vez retomada la actividad normal resurgen las ideas cual avefénix.
La consulta de un médico de familia, llena de situaciones cotidianas desde a adolescencia hasta la muerte son una fuente inagotable de inspiración para seguir estudiando, aprendiendo y para meditar.
 
En medicina hay montones de escalas para objetivar y medir el deterioro cognitivo, la ansiedad, la depresión, el grado de dependencia de nuestros mayores...con el objetivo de que todos podamos saber de qué estamos hablando en un momento dado.
Yo siempre he sido un poco rebelde en esto de pasar escalas aunque reconozco que son una herramienta útil para que los médicos podamos hacernos una idea objetiva y clara de cómo es la situación basal de un paciente, aquí o en Lima.
Pero una de las escalas que más me cuesta pasar, no por pereza ni tampoco por rebeldía es la escala de Zarit, o sobrecarga del cuidador. La escala de Zarit consta de 22 preguntas que se puntuarán de 1 a 5 (de nunca a casi siempre).
Los profesionales de la salud consideramos que un cuidador no tiene sobrecarga si el resultado es una puntuación inferior a 46 y que tiene una sobrecarga intensa si el resultado es superior a 56.
Las preguntas a realizar se pueden consultar en este enlace Escala de Zarit
Y me cuesta pasar el cuestionario de 22 preguntas (aunque hay una versión reducida) porque me parece una manera muy fría de determinar lo obvio. Creo sinceramente que para saber que un cuidador está sobrepasado es más que suficiente con escucharle y mirarle a los ojos.
Muchas veces nos centramos en el paciente pero no miramos las reacciones ni los gestos de los que les acompañan.
En estos casos en especial, el tiempo que podamos dedicar a escuchar y a observar el lenguaje no verbal no tiene precio. Yo tengo como lema: Menos escalas  y más escuchar.
Estas son fotos del parque Vigeland de Oslo. En él se puede disfrutar de un excelente conjunto de esculturas de bronce inspiradas en momentos de la vida cotidiana del hombre, desde el nacimiento hasta la muerte, recreando situaciones habituales de la infancia, la adolescencia, la llegada del primer amor y de los hijos, la madurez y la vejez.

 
 
 
 
The power of love. Frankie goes to Hollywood

viernes, 8 de marzo de 2013

Cuando el médico se convierte en paciente.



Allá por el siglo XVII dijo Sydenham: "nadie será tratado por mí de manera distinta a la que yo quisiera ser tratado".

Creo que es una máxima importante a tener en cuenta por todo médico a la hora de atender a TODOS sus pacientes. Sin embargo hay situaciones en las que este principio fundamental queda en entredicho. Y es cuando un médico se convierte en paciente. Y es en ese preciso instante cuando toma conciencia de lo que significa para los demás introducirse en la compleja trama sanitaria.

Ser paciente nos permite ponernos en el lugar de nuestros pacientes. No ver los toros desde la barrera es una experiencia, cuanto menos interesante. Tomamos conciencia de ser vulnerables y nos permite ser más comprensivos con los sentimientos y las expectativas del otro cuando pone su salud en nuestras manos.
Yo siempre he preferido no decir de entrada que soy médico cuando acudo como paciente o como familiar del paciente. No por actuar como examinante secreto de mis compañeros sino porque pienso que así tendrá más libertad para actuar y decidir con objetividad. Aunque he de decir que en muchas ocasiones, en algún punto de la relación médico-paciente es inevitable que me quite la máscara.

Y es ahí donde casi de forma sistemática comienza el problema. Cuando un médico acude a otro médico se produce inevitablemente una relación médico/paciente- médico extremadamente compleja.
Mucho se ha escrito sobre el médico como paciente y sobre la relación médico- paciente cuando el paciente es a su vez médico. Pero creo que seguimos sin aprender de ello.
Dice Albert Jovell, médico y a su vez paciente, que " el elemento crucial de esa relación es la confianza. Si no confías en tu médico tienes un problema. Y tan importante como que tengas confianza es que él lo sepa. Yo se lo recuerdo a menudo a los míos. Yo me he implicado mucho siempre, aunque al principio no me fue bien porque el mío era un caso muy raro, había mucha incertidumbre, y eso dificultó la comunicación. Busqué segundas opiniones en el extranjero y fue terrible, porque no coincidían y además todos advertían de que no tenían experiencia. Pero conforme han ido apareciendo más tumores me he reafirmado en la idea de que tenía que ser parte de mi equipo médico por dos razones: porque quiero dejar el mensaje a mis hijos de que he hecho todo lo posible y porque quiero reforzar a mis médicos en las decisiones que toman".
Al fin y al cabo, esto es lo que todo paciente espera: espera ser escuchado con interés sobre su proceso y deposita plena confianza en el médico puesto que considera que es poseedor de los conocimientos suficientes para poder ayudarle. Pero la realidad para el paciente-médico no suele ser tan simple. Un médico como paciente corre el riesgo de ser estigmatizado. Y no digamos nada de la pérdida de confidencialidad que existe en muchos casos.
Para empezar, se cree de forma errónea que el médico, por el simple hecho de tener información sobre el proceso de la salud y la enfermedad no es vulnerable a la enfermedad y, por desgracia, todos en algún momento de nuestra vida seremos pacientes.

En segundo lugar se corre el riesgo de no ser atendido con objetividad porque se presupone que nosotros debemos tener un conocimento exacto de lo que nos sucede porque si no...¡ vaya médico!
Por otro lado, el médico, cuando sufre un proceso patológico puede actuar de dos formas diametralmente opuestas. Por un lado puede mostrar un exceso de celo en el cuidado de la salud (suele suceder más cuando el paciente es el familiar del médico) o, por el contrario, puede dejar pasar los días sin dar importancia al proceso ( lo más habitual cuando el médico es el propio paciente)
Cuando por fin da el paso de consultar con un compañero, el paciente- médico espera que la relación con el médico que le atiende sea más fluida de lo habitual ya que al fin y al cabo hablan el mismo lenguaje. Espera ser atendido incluso con mayor interés porque piensa que podrán discutir el caso como si de un caso clínico se tratase ya que la información de la que dispone está contrastada. Pero la mayoría de las veces esto no sucede y, al final, el paciente-médico corre el riesgo de transformarse en su propio médico y dirigir todo el proceso.
Otro riesgo que comete el médico como paciente es no dar importancia a los síntomas y por lo tanto a automedicarse, retrasando con ello el diagnóstico y el tratamiento adecuados. Suelen poner en entredicho todo lo relacionado con su proceso contrastando continuamente la opinión de sus compañeros, convirtiendose, por lo tanto, en pacientes complicados.
Estudios publicados sobre la utilización de servicios de salud por parte de los médicos demuestran que utilizan mucho menos los servicios sanitarios que la población general optando con frecuencia por consultas informales con otros compañeros o la autoprescripción. Entre los factores que influyen en la actitud del médico ante su propio proceso de enfermar se encuentran el miedo a enfermar, disponer de información contrastada sobre el proceso de la enfermedad, conocer los propios límites de conocimientos sobre la enfermedad así como los de los compañeros, tener acceso más fácil para la automediación y para disponer de pruebas diagnósticas, entre otros.

Es frecuente atender al compañero como paciente en lugares ajenos a la consulta (pasillo, sala de descanso), no citarle ni historiarle como a otros pacientes, no escribir en su historia clínica.

Los médicos tienen el hábito de contrastar todo lo referente a la salud desde su propia experiencia y esta práctica los convierte en pacientes difíciles, los peores”. Así lo ve el doctor Antoni Arteman, quien tiene a su cargo la gestión del Programa Integral de Atención al Médico Enfermo (Paime) del Colegio de Médicos de Barcelona (COMB), pionero en este tipo de asistencia personalizada que surgió en septiembre de 1998 ante las evidencias de que un médico enfermo muchas veces prefería, aunque resulte paradójico, saltarse todas las normas, incumplir todos los tratamientos y pasar desapercibido. Está demostrado en la práctica clínica y escrito en la literatura médica que cuando un médico enferma no accede al sistema sanitario como el resto de la población. En estos casos, ninguna de las partes se comporta de manera natural y rara vez se consigue una efectiva relación médico-paciente.

Pero lo que nunca deberíamos olvidar todos es que el médico que acude a nosotros como paciente se trata sólo de otra persona que deposita en nosotros su confianza para obtener el diagnóstico y el tratamiento más adecuados.

 http://www.peritajedrsuperby.es/alejandrosuperby_el_medico_enfermo.htm

http://www.lecturasparacompartir.com/varios/cuandoelpacienteesotromedico.html

jueves, 7 de marzo de 2013

El sintrom y la vitamina K

Este verano estuve controlando la toma del famoso anticoagulante Sintrom, de una paciente joven.

Era dificil mantenerlo en el rango terapéutico. Y el motivo era simple. La paciente estaba haciendo una dieta de adelgazamiento y estaba consumiendo más cantidad de verdura de lo habitual.

Hay que reconocer que empezar a tomar un anticoagulante se convierte en toda una heroicidad ya que hay que tomar siempre la dosis exacta, a la hora convenida y hacerse periódicamente los controles que, si todo va bien, pueden ser cada 4-6 semanas pero si no hay forma de mantenerlo en rango se deben hacer casi semanales.

El coagulómetro ha sido todo un avance ya que en un momentito, gracias a una muestra de sangre capilar podemos saber el rango del paciente al instante. Recuerdo aún con nerviosismo los tiempos en los que en mi anterior centro de salud la asociación de vecinos exigía en cada reunión el control del tratamiento anticoagulante de esta forma y no en sangre venosa. Se extraía la muestra a primera hora de la mañana y el control se realizaba al final de la mañana o a primera hora de la tarde.

Volviendo al caso de esta paciente joven. Me hizo pensar que quizá no siempre les damos suficiente información a los pacientes sobre los alimentos ricos en vitamina K, que pueden ser una de las causas por las que el paciente no tiene el INR en rango.

Es importante que los pacientes sepan que para mantener el INR dentro del nivel recomendado es fundamental
 * tomar la dosis tal y como se le indica en la hoja

* hacer controles periódicos de su INR

* tomar diariamente la misma cantidad de vitamina K. Se recomienda comer una cantidad fija, entre media taza y una taza del alimento correspondiente, y no hacer cambios drásticos en el consumo de alimentos ricos en vitamina K. Es decir, que si el paciente ingiere diariamente una ensalada no debe eliminar de forma drástica su ingesta para evitar oscilaciones en el control del INR.

 Ahí va un listado de alimentos ricos en vitamina K:
  
 
Cantidad
Cantidad de vitamina K
Col rizada
Media taza
531 mcg
Espinacas cocinada
Media taza
444 mcg
Espinaca cruda
1 taza
145 mcg
Col verde
Media taza
418 mcg
Acelgas crudas
Una taza
299 mcg
Acelgas cocinadas
Media taza
287 mcg
Hojas de mostaza crudas
Una taza
279 mcg
Hojas de nabo cocinadas
Media taza
265 mcg
Perejil crudo
Cuarto de taza
246 mcg
Brécol cocinado
Una  taza
220 mcg
Endibia cruda
1 taza
116 mcg
Brécol crudo
1 taza
89 mcg
Repollo cocinado
Media taza
82 mcg
Lechuga de hoja verde
1 taza
57 mcg
Esparragos
4 tallos
48 mcg
Aguacate
1 taza
48 mcg
Atún en aceite
100 gr
45 mcg
Arándanos / moras crudas
Una taza
29 mcg
Tomates secados
100 gr
43 mcg
Aceite de soja
100 gr
184 mcg
Zanahorias
100 gr
29 mcg
Anacardos tostados
100 gr
35 mcg
Clavo
100 gr
142 mcg
Frambuesas
100 gr
8 mcg
Higos
100 gr
4.7 mcg
Peras
100 gr
4.5 mcg
 
Otros alimentos que pueden contener vitamina K son los condimentos ( albahaca, salvia, tomillo, cilantro, orégano), el cebollino, las coles de bruselas, la coliflor, el chile en polvo, el curry, el pimentón, las guindillas, pepinillos en salmuera, ciruelas pasas, los suplementos encapsulados de omega 3 y coenzima Q, el aceite de soja, la lecitina de soja, los aceites vegetales, el té verde, el pomelo, los garbanzos, los puerros, las castañas y el chocolate.

En cuanto a los suplementos dietéticos: uña de gato, arándanos, ruscus, jengibre, ginkgo, castaño de indias, caramelos de regaliz, meliloto, trébol rojo, hipéricum, cúrcuma… no se sabe la dosis exacta de vitamina K por lo que se recomienda evitarlos.

Por cierto, hablando de vitaminas, hay estudios que asocian a la vitamina E con efectos anticoagulantes. Este efecto es importante a partir de 1.000 UI al día. Las dosis inferiores a 800 UI no suponen ningún riesgo en pacientes anticoagulados.
 
Yo, que he vivivo y vivo las alergias alimentarias de mi hija, comprendo perfectamente lo complicado que debe ser mantener a raya la dieta con la toma de Sintrom. Pero no queda otra.