martes, 29 de septiembre de 2015

Al final, lo que importa, es la vida que no has malgastado

Cuando te enfrentas a una enfermedad que, hagas lo que hagas, sigue su camino inexorable, te das cuenta de lo verdaderamente valiosa que es la vida y la salud.
Muchas veces perdemos  tiempo y esfuerzo en batallas que no merecen la pena en nuestra vida cotidiana sin darnos cuenta de que al final, lo que importa realmente, es la vida que no has malgastado. El tiempo y las risas que compartimos con la familia y los amigos, los abrazos y los besos que regalamos, el tiempo que dedicamos a hacer el día más agradable a los demás.
Por todo eso, no quiero perder mi un minuto de mi tiempo sin vivir la vida con intensidad, te daré todos los abrazos y todos los besos que no te había dado en todos mis años de existencia. No dejaré de decirte todo lo que te quiero y que estaré a tu lado en lo bueno y en lo malo.
No perderé un minuto buscando el entendimiento con aquellos que no quieren escuchar ni razonar porque sólo tienen tiempo y ojos para sus propios ombligos.
Creo que te lo debo. Es tu legado.


 


Feeling God. Muse. 7 Pounds

viernes, 24 de abril de 2015

Hijos

El mayor regalo que podemos tener en esta vida es un hijo.
Pero es un regalo con truco.
No viene con manual de instrucciones como el móvil o el IPad.
Muchas veces se asocia la maternidad al hecho de hacerse un test y que de positivo.
Pero en cuanto empiezan las primeras molestias deja de ser una vivencia agradable.
¿Quién dijo que ser padre o madre estuviera exento de problemas?
El embarazo y el parto no son más que el comienzo del fin de  nuestro estado de bienestar.
Se acabó dormir 8 horas, ver tranquilamente una película, disfrutar de una conversación con tu marido, comer sin discutir sobre lo que es bueno para ellos y lo que ellos prefieren, ir al cine a ver "pelis de mayores". Bienvenido sea acostarse por la noche acariciando la mano de tu hijo, levantarse por la mañana en el borde de la cama a punto de caer porque de pronto somos tres y ya va quedándose pequeña, ir al cine a ver Doraemon o Harry Potter.
A pesar de todos los inconvenientes la paternidad es la experiencia más increíble y gratificante que se puede vivir.
Pero requiere muchísima responsabilidad.
Yo, cada día me rebano los sesos para intentar dar a mis hijos una visión optimista del mundo. Para que ellos sean, cada día, un poquito mejores personas. Para que pongan a mal tiempo buena cara. Para que estén siempre pendientes de aquel que pueda necesitar un poco de ayuda. Para que sepan agradecer cada día el regalo de tener una casa, un hogar, un plato de comida, un colegio donde aprender, amigos con los que disfrutar, una familia que les quiere y les apoya en sus decisiones. Para que sepan tomar sus propias decisiones de forma libre y responsable. Para que sean capaces de manifestar sus preferencias sin dejarse manipular y sin imponer su voluntad.

Como decía aquel....construir personas.





martes, 17 de marzo de 2015

la muerte no es una quimera

Por mi trabajo estoy en contacto estrecho con la vida, la muerte y el sufrimiento.
Ya llevo unos cuantos años a golpe de fonendo y por mi consulta han pasado montones de personas de todas las edades, culturas y credos, por lo que puedo decir, creo que con buen criterio, que sobrevivir a un hijo es una de las experiencias más duras que puede vivir el ser humano.
En el mar de colores que es la consulta del médico de familia, a veces comparto momentos alegres como la llegada a este mundo de un nuevo hijo o tristes por la desesperación de aquellos que no pueden ser padres mientras otros deciden voluntariamente y sin el menor reparo acabar en un momento con esa vida que comienza a gestarse alegando, simplemente, que ahora no me viene bien, o por la vivencia de enfermedades crónicas invalidantes o incurables.

En este mundo de contrastes, esta semana predomina el gris porque la balanza que equilibra los momentos de vida y los momentos de muerte de mi día a día se ha inclinado hacia la muerte.
Y entre paciente y paciente, el médico de familia tiene que intentar recomponerse para partir de cero. En tiempo récord, con una cadencia de cinco minutos que es lo que dice mi agenda que tiene cada paciente para ser atendido. Porque cada nombre en tu agenda necesita de tu mejor sonrisa y de tu mejor predisposición para atender sus problemas.
Pero que me diga alguien cuál es la fórmula para poder pasar página cuando a las cuatro de la tarde sientes un estremecimiento mientras escuchas a una madre rota por el dolor porque la muerte irrumpió en escena, como tantas veces, de madrugada,  hace ya tres años para arrebatarle a su único hijo. Son de estos momentos que yo denomino "se paró el reloj". No hay reloj, no hay lista, no hay teléfonos, no hay pantalla del ordenador para cumplimentar los protocolos de la historia clínica. Sólo hay dos personas que conectan a través de la mirada y la palabra.
Porque sus ojos tristes, como sin vida, se llenan de lágrimas al recordarle. Y, aunque el motivo que la trae hoy a verme es otro, cuando se despide me suelta, de sopetón, sin anestesia que "Yo sé que la vida sigue, continúa hacia adelante sin él y sin darse cuenta de que yo me quede anclada en aquel momento.  Intento cada día vivir lo mejor que puedo. Sé que hay personas a mi alrededor que me quieren y me acompañan para que yo siga adelante. Pero, doctora, yo he muerto en vida. Y no hay cosa que ansíe más que me llegue el momento de la muerte para poder estar con él".
Y, en estos momentos "se paró el reloj" no puedes hacer nada más que acompañar y abrazar en el dolor.
Dijo Epicuro de Samos que la muerte es una quimera: porque mientras yo existo, no existe la muerte; y cuando existe la muerte, ya no existo yo.

Esta madre no vive una quimera. Como bien dice ella, ha muerto en vida. Porque no se me ocurre tristeza más grande para una madre que enterrar a  un hijo.
Cuando éramos niños
los viejos tenían como treinta
un charco era un océano
la muerte lisa y llana
no existía.

Luego cuando muchachos
los viejos eran gente de cuarenta
un estanque era un océano
la muerte solamente
una palabra

Ya cuando nos casamos
los ancianos estaban en los cincuenta
un lago era un océano
la muerte era la muerte
de los otros.

Ahora veteranos
ya le dimos alcance a la verdad
el océano es por fin el océano
pero la muerte empieza a ser
la nuestra.


Mario Benedetti





miércoles, 11 de marzo de 2015

Descubriendo el Mindfulness: el cazador que persigue dos conejos no atrapa ninguno.


Si, ya lo sé.
El mindfulness no es nada nuevo, aunque he de reconocer que para mí, sí. No había oído hablar de él hasta que hace unas semanas una amiga del colegio me sugirió utilizarlo en el centro de salud para los pacientes. Así que, en cuanto tuve oportunidad, me decidí a buscar información al respecto. Y en esas estamos.

Según voy leyendo me voy dando cuenta de que, si lo piensas detenidamente, no nos dice nada nuevo. Al fin y al cabo es una técnica que utilizan los budistas desde hace ya unos cuantos cientos de años y es algo que de forma intuitiva hacen muchas personas: Tomar conciencia del momento presente.
El mindfulness se ha traducido al castellano como atención plena, que viene a ser una forma de decir estar concentrados en el aquí y en el ahora, con nuestros cinco sentidos, pero sin juzgar y con aceptación.
En una sociedad cada vez más acelerada y estresada, muchos de nuestros males se pueden resumir en que estamos "infoxicados". Saltamos de una tarea a otra, de una actividad a otra, sin prestar muchas veces atención a ninguna de ellas, generando frustración porque tenemos la sensación de no llegar a ningún sitio ni poder abarcar todas las tareas. Y lo que es peor, sin prestar atención a lo que sentimos ante las situaciones presentes, perdiendo el tiempo en lo vivido en el pasado o en o que tememos o creemos que nos deparará el futuro. 
Y si no, que levante la mano quien no ha vivido alguna de estas situaciones:
1. Comer sin masticar ni saborear el plato mientras mantenemos una reunión de trabajo o vemos la televisión.
2. Llegar al destino sin haber sido conscientes del trayecto en coche.
3. Juzgar las situaciones como buenas o malas y, en función de ello, aceptarlas o rechazarlas.
4. Olvidar o tirar cosas por descuido
5. Empezar una tarea y abandonarla a los pocos minutos para atender una llamada o para realizar otra tarea.
6. Oír sin escuchar lo que nos dicen
El concepto atención plena implica tomar conciencia del momento presente, sin juzgar y con aceptación.
Es muy frecuente en nuestra sociedad pasar de puntillas por el ahora distraídos por alguna situación pasada o ensoñaciones sobre el futuro.
El precursor del mindfulness, como medio para reducir el estrés, es John Kabat Zinn, que fundó en 1979 el Centro de midfulness en Masachussets  y desarrolló un programa de reduccion de estrés basado en la conciencia plena (conocido como MSBR, Mindfulness based stress reduction) en 8 semanas.
Hay estudios neurobiológicos que demuestran que un elevado nivel de atención se correlaciona con niveles bajos de neuroticismo, alexitimia, ansiedad, depresión y somatización y elevada inteligencia emocional así como baja hostilidad, impulsividad y vulnerabilidad a la aparición de enfermedades psiquiátricas.
Además, se sabe que las personas con tendencia a la depresión tienen predominancia en la actividad neuronal de la región prefontal derecha del cerebro mientras que las personas con mayor capacidad para regular sus emociones tienen más activada la izquierda. Estos estudios han descubierto que tras ocho semanas de meditación regular, empieza a desarrollarse más el lado izquierdo y que los meditadores tienen mayor densidad neuronal,  mayor capacidad para procesar la información y niveles de estrés y ansiedad bajos y que el estado de atención plena nos permite ser más creativos y empáticos.
La atención plena ayuda a aumentar la concentración, a disminuir automatismos, a frenar la impulsividad, a aceptar la realidad tal y como es y a disfrutar del presente, a disminuir la ansiedad y  a fomentar el autoconocimiento
El mindfulness también se ha aplicado en el ámbito de la medicina y hay muchos estudios que avalan su eficacia en el tratamiento de pacientes con fibromialgia, trastornos obsesivos compulsivos, trastorno depresivo, trastorno de ansiedad generalizada, adicciones, dolor crónico y en el abordaje del burnout en profesionales sanitarios (Evaluación de la efectividad de un programa de mindfulness en profesionales de atención primaria)
Además, se están desarrollando algunos proyectos en el ámbito de la pediatría ( Mindfulness en Pediatría: el proyecto “Creciendo con atención y consciencia plena” ) con el objetivo de aprender  a gestionar las capacidades de control sobre la  salud desde la atención y consciencia plena.
En el ámbito de la salud se han demostrado beneficios también en los profesionales sanitarios, mejorando la introspección y permitiendo desarrollar aspectos más humanistas y habilidades como el afrontamiento del estrés y la empatía puesto que el estar atento disminuye la tendencia a cargar con as emociones negativas de otros.
Se puede aplicar de forma individual o en grupo y, a diferencia de los tratamientos farmacológicos, su eficacia se mantiene durante más tiempo puesto que el individuo integra estas habilidades a su vida diaria.
El inconveniente principal es que se requiere el compromiso activo del paciente ya que, en palabras de Daniel Goleman, "La atención es un músculo que se debe entrenar” 

 Andy Puddicombe. Mindfulness 10 minutos
Seguiremos buceando.

domingo, 1 de marzo de 2015

Relato corto. Llega la primavera

Dicen que se empieza a notar el calor de la primavera, pero el único tacto que siento hoy es el frío metal de mi fonendo.
Parece que empiezan a salir las primeras flores, pero el único mundo que veo hoy son estas cuatro paredes grises que me rodean.
Echo de menos el calor de sus abrazos.
Esta distancia me duele y me presiona y me acelera y me quita el aire y me quema el alma.
Esta distancia me está matando.
Mata nuestra alegría.
Acaba con nuestros proyectos.
Roba nuestro tiempo.
Un día más.
Día a día.


lunes, 23 de febrero de 2015

El consumo excesivo de medicamentos en el primer mundo

A lo largo de esta semana, por diversos motivos, he pensado varias veces en escribir un post sobre el consumo de medicamentos en España. No encontraba el momento. Pero, esta mañana, mientras desayunaba con mi hijo, me he quedado perpleja y finalmente me he decidido.
En un canal infantil, se promocionaba el consumo de medicamentos a través de este vídeo.

 
Después, he visto en internet, una foto que me ha dejado aún más preocupada. Un cuenco de cereales en forma de pastillas. Y, de verdad, me he quedado perpleja. Porque me parece preocupante que ya estemos aleccionando a los más pequeños para seguir siendo el segundo país más consumidor de medicamentos del mundo.
 
Me parece tremendo que, mientras una parte del mundo muere por escasez de alimentos, otra se medicalice en exceso.
 
No es una percepción mía de un lunes postguardia.
 
 

 
Precisamente es EEUU el único país del mundo en el que el consumo de medicamentos supera a las cifras que tenemos en España.
 
Y es un tema realmente preocupante ya que el consumo generalizado de algunos medicamentos, no exentos de efectos secundarios, como los antiinflamatorios, los inhibidores de la bomba de protones (omeprazol) o las estatinas para disminuir los niveles de colesterol que produce nuestro estado de bienestar y nuestra dieta inadecuada ( Dieta para prevenir enfermedades coronarias )

Se echa mucho la culpa a la industria farmacéutica afirmando que crean enfermedades para después promocionar productos para curarlos, pero yo también echo la culpa a la sociedad en qué vivimos en la que se busca el estado de bienestar total, la inmediatez en la resolución de los problemas, y la escasísima tolerancia a la mínima molestia.

Medicalizamos cualquier problema cotidiano como puede ser la caída del pelo, la tristeza por una ruptura, la crisis por la maternidad o por un conflicto familiar, las molestias banales de un catarro, el dolor ante un traumatismo leve. Y no sólo somos capaces de tomar tres o cuatro fármacos distintos para mitigar las molestias que estas dolencias leves nos producen sino que exigimos que la resolución de las mismas sea inmediata.

No digo que los médicos no tengamos parte de culpa en todo esto. Pienso que la sociedad también debe tomar conciencia de este importante problema de salud pública y entonar su propio mea culpa.
 

jueves, 19 de febrero de 2015

El miedo y la incertidumbre, sentimientos de difícil manejo


¿Quién no ha sentido miedo alguna vez?
 
Es imposible no haber sentido miedo en algún momento de nuestra vida.
Miedo a la enfermedad, miedo al dolor, miedo a perder la estabilidad laboral, miedo a perder un ser querido, miedo a la propia muerte, miedo ante la incertidumbre.
Yo creo que sólo los inconscientes viven sin miedo a nada.
 
En mi caso concreto, y, en relación con el tema que nos ocupa, cada día que pasa,  tengo que hacer más terapia y relación de ayuda en la consulta.
 Cada vez más pacientes acuden aquejando ansiedad, llanto fácil, insomnio, desesperanza...solicitando alguna pastilla que les permita manejar el día a día, un poco más anestesiados.
Y cada vez, con más frecuencia, llego a casa sin fuerzas aunque, durante la mañana procuro llenarme de energía positiva para poder luego dar a mis pacientes.
Sin embargo, he de reconocer que, también a mí, en ocasiones, me cuesta encontrar motivos para la esperanza.
Escuchar las noticias, locales, regionales, nacionales o internacionales no es que ayude mucho, la verdad.
No sé si estamos en la fase de negación y aislamiento, o en la de ira y rabia, o en la de negociación, o en la depresión o en la aceptación. Supongo que, como en los duelos, cada uno se encuentra en su propia fase.
Me gustaría pensar que la mayoría no se encuentra entre la ira y la rabia o entre la depresión y la negación ya que mi deseo es que todos avancemos con aceptación, afrontando el futuro en paz, buscando alternativas, con la certeza de que toda noche tiene su día y al final del túnel siempre hay salida. 
Hace unos años, mientras estaba dedicada más a la gestión que a la medicina, acudí a un curso de nombre curioso " Los miedos del líder". Fui un poco por curiosidad y otro poco invitada por mi jefa. Y lo cierto es que tanto el contenido como la ponente me sorprendieron gratamente.
 
Se trataba de Pilar Jericó, una mujer joven y decidida con un impresionante curriculum a sus espaldas. Doctora en Organización de Empresas, licenciada en ciencias económicas y empresariales. Ha dedicado mucho tiempo y esfuerzo a trabajar sobre el talento y el impacto del miedo en el desarrollo de las empresas. Me dedicó su libro "No miedo" que guardo como oro en paño. Años más tarde publicó otro que también es de interesante lectura "Héroes cotidianos, descubre el valor que llevas dentro".
Vivir con miedo no es malo, pero es importante distinguir entre el miedo equilibrante y el tóxico.

El primero es el que nos ayuda a sobrevivir, a evitar situaciones que pongan en peligro nuestra integridad.

El segundo es el que nos paraliza y hace que no seamos capaces de seguir adelante, poniendo en riesgo nuestro bienestar.
 
Es fundamental sobreponerse al miedo. El valiente no es aquel que no tiene miedo, sino el que es capaz de sobreponerse a él y seguir adelante a pesar de él. Es fundamental no perder la cabeza y ser capaz de analizar cada situación para luchar contra el miedo paralizante.  
 
Extracto de la conferencia "Miedo; cómo vencerlo" de Pilar Jericó. Bilbao 13 de marzo de 2006

Todos sentimos miedo en nuestra vida. Gracias a él hemos llegado a sobrevivir como especie.(..)

El miedo es una emoción con la que nacemos, pero que se puede ir modulando a través de la propia educación, el entorno, la cultura, etc.

Los griegos lo explicaban muy bien a través de la mitología: Venus, diosa del amor, mantuvo un romance con Marte, dios de la guerra. De él nacieron cinco hijos: Cupido (dios del amor erótico), Anteros (dios del amor correspondido), Concordia (diosa del equilibrio y la belleza), Fobos (la fobia) y Deimos (el miedo). Como vemos, el miedo por tanto procede de la unión del amor y la guerra.
¿Esto qué quiere decir?. Que en la medida en que nosotros queramos o amemos algo temeremos perderlo.(...)

Cuando nos encontramos ante una situación de miedo nuestro cuerpo sufre una serie de cambios: el corazón palpita con más velocidad para enviar sangre a las extremidades y al cerebro, las pupilas se dilatan, y se producen tres hormonas: la adrenalina, la noradrenalina y los corticoides, también llamados hormonas del miedo. Los corticoides impiden que se produzca la conexión entre nuestras neuronas, la sinapsis, que como sabemos es la base de la creatividad.
Por tanto, es biológicamente imposible que una persona sea capaz de desarrollar todo su potencial cuando vive en una situación constante de miedo. Se paraliza.(...)
¿Cómo podemos conquistar el miedo?
Existen varios pasos para conseguir que el miedo no nos paralice:
1. Aceptar que tenemos miedo. Sabemos que todos lo padecemos y no es un síntoma de debilidad reconocerlo.
2. Identificar cuál es nuestro miedo. A veces no es fácil reconocerlo. En ese caso lo mejor es centrarnos en la otra cara de la moneda: ¿cuál es nuestra motivación?: En función lo que nos motive tendremos miedo a perderlo.
3. Mirar al miedo a la cara y hacerlo concreto. Nuestro peor enemigo siempre es nuestra propia cabeza. Nosotros somos capaces de imaginar cosas mucho peores que la realidad. Por eso son tan peligrosos los miedos ambiguos. Cuando un jefe te dice: "haz esto o atente a las consecuencias", probablemente pensemos en unas consecuencias mucho más dramáticas que las que luego realmente sucederán.
Victor Frankl fue un psiquiatra judío que pasó la segunda guerra mundial en varios campos de exterminio, entre ellos Auswitz. Según él, no se salvaron de aquel infierno los más fuertes, ni los más cultos, ni los mejor preparados, sino aquellos que tenían una motivación más allá de su propia vida: "cuando salga escribiré un libro", "cuando salga veré a mis hijos", "cuando salga contaré esto al mundo".




Como decía Nelson Mandela: "No es valiente quien no tiene miedo, sino quien sabe conquistarlo"